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Estado, mercado y redes sociales, para mi prima

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A mí me tocó crecer viendo al presidente de Estados Unidos como la persona más poderosa del mundo. Encorbatado, de buenos modales y diplomacia meticulosa, lo veía cambiar el panorama geopolítico con un solo anuncio difundido por los pocos canales de televisión masivos. A mi prima Isabel le tocó crecer en un mundo diferente. Hoy, un joven sin títulos universitarios, sin votos y sin corbata puede silenciarlo mientras se toma un latte en un Starbucks en San Francisco.

El par de millennials que le quitaron el megáfono a Trump cerrándole sus redes sociales no derivan su poder del sistema democrático, de los votos o de su designación en el poder judicial. Su poder viene de crear una plataforma tan potente que billones de personas voluntariamente deciden pertenecer a ella.

Los textos guía del colegio de mi prima dicen que la democracia es la forma de controlar los poderosos. “Son los pesos y contrapesos”, las dos ramas independientes de poder quienes controlan cualquier exceso. Los textos no se equivocaron en su momento, pero sí se quedan cortos para el futuro que nos anuncia esta decisión de las plataformas.

Estas empresas han permitido que la información esté cada vez más descentralizada, lo cual es una excelente noticia. Los usuarios están cada vez mejor informados, no dependen de un par de cadenas de televisión para formar su opinión y, como muestra este estudio en Colombia, se vuelven más escépticos sobre el sistema electoral. Un debate abierto, con más actores y diferentes voces es, como diría James Surowiecki, un avance oportuno para tener un mundo mejor.

—Momento —me interrumpe mi prima—. ¿Más descentralizada la información? El mundo pasa de Caracol y RCN a Twitter y Facebook. Antes por lo menos era un oligopolio en Colombia sujeto a nuestras leyes, ¡ahora es un oligopolio a 6,000 kilómetros de distancia!

—Tienes razón —le dije—, a las plataformas no las podemos controlar con el sistema democrático del texto de colegio. El Gobierno colombiano puede hacer poco. ¿Qué va hacer si Facebook no cumple sus normas? ¿Bloquearlo y dejar al país sin redes sociales?

—No creo —me respondió—. ¿Y Estados Unidos?

—En teoría puede, pero las plataformas pueden cambiar su domicilio, la localización de sus servidores y la jurisdicción donde contrata a sus trabajadores.

—¿Y entonces? ¿Pasamos de estar en manos de poderosos controlados a poderosos sin control?

—No, prima. Los negocios tienen un control bastante eficaz, mirá te cuento.

La tienda de ropa o la panadería de la esquina no pueden abusar de su “poder” cobrando precios excesivos u ofreciendo productos de mala calidad porque los consumidores simplemente van a otra tienda: la competencia los controla a ellos.

Con las redes sociales es muy diferente, claro está. Primero, su precio es “cero”, porque la gente paga entregando sus datos. Segundo, tienen efectos de red: una plataforma es útil no solo por su tecnología sino porque hay mucha gente en ella. Eso hace que estas plataformas (Rappi, Twitter o Airbnb) operen en mercados donde “el ganador se lleva todo”. Instagram puede ser solamente un 1% mejor que la competencia, pero con esa diferencia se llevan al 99% de los clientes por varios años. Con eso pareciera que son monopolios, que no tienen competencia, que necesitan regulación igual que el acueducto o el alcantarillado, pero eso no es cierto. Una descuidada y pierden todo el mercado. Si no me creen, pregúntenle a Blackberry PIN, MySpace o MSN Messenger: los poderosos en tecnología solo son poderosos si sirven permanentemente a sus clientes.

La competencia los acabó en un par de meses porque olvidaron que sus clientes eran más importantes, que no podían hacer lo que quisieran. Lo mismo le va pasar a Twitter, Facebook e Instagram si no hacen sus criterios transparentes y prueban ser mejor que la alternativa. Cada usuario debe poder ver los criterios de cada plataforma y escoger cuál le gusta más: eso es más útil y democrático que la regulación estatal.

Para que eso pase, Google, Apple y Amazon no pueden usar su posición dominante para asfixiar a los competidores como lo hicieron bloqueando a Parler de sus tiendas de aplicaciones. Eso, además de ser ilegal, es ilegítimo. Ni a ellos ni a nosotros nos conviene que el gobierno gringo determine el criterio de las empresas que compiten por alojar el debate público.

Las preferencias de los usuarios pueden hacer mejor esa labor, pero los gigantes no pueden restringir su competencia.

@tinojaramillo, martin.jaramillo@email.shc.edu

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