Por: Luis Carvajal Basto

Estado y fútbol “premium”

El Estado no puede ser indiferente a las anunciadas nuevas tarifas para ver fútbol por televisión. Los clubes de fútbol, al renegociar  unos derechos que ya habían negociado, deben tener en cuenta no solo sus expectativas, sino el tamaño del mercado y las posibilidades de los colombianos quienes, finalmente, las terminarán pagando.

¿30.000 pesitos? Quien quiera ver al equipo de sus amores tendrá que destinar más de un día de trabajo (salario mínimo) para hacerlo. Y si lo quisieran ver en los 13 millones de hogares representaría, 390.000 millones mensuales; 4,7 billones anuales, una cifra cercana a la última reforma tributaria y nueve veces el presupuesto nacional del deporte. Afinemos la cifra con los seis millones de hogares que pagan televisión por suscripción: 2,2 billones siguen siendo mucha plata. Como comparación, el servicio de Directv, con 163 canales que incluye las mejores ligas y equipos del mundo, tiene un costo de 55.000 por mes.

A nivel deportivo resulta difícil encontrar correlación entre cobro de derechos y mejora en el desempeño de los clubes. En este año, el año de los 30.000 pesitos, los equipos colombianos han fracasado en los torneos internacionales con un desempeño no tan “premium”: mientras en 1989, Atlético Nacional, y en 2004, Once de Caldas, ganaron la Copa Libertadores en una época en que apenas despegaban los  cobros por  derechos de televisión. Décadas antes Millonarios, con Di Stefano a bordo, pudo pasearse victorioso por Europa, cuando no se pagaban derechos por nada. Solo la boleta, que se sigue cobrando y a qué precios.

Por el contrario, la venta de futbolistas al exterior ha sido, en los últimos años, otra fuente de ingresos importante para los equipos: Se calculan en más de 1.000 los futbolistas colombianos que hoy juegan en el exterior y varios análisis coinciden en una cifra cercana a los 300.000 millones, entre 2015 y 2016, como ingresos por ventas de jugadores.

Vale recordar que hasta hace muy poco los equipos dependían, casi exclusivamente, de publicidad e ingresos por taquillas, hasta que apareció la televisión, promovida por empresas como Bavaria, Caracol  y RCN, que invirtieron y arriesgaron para posicionar al fútbol como un producto de consumo televisivo. Con ese reconocimiento, la comercialización del fútbol por televisión tuvo un acuerdo que dio origen a un canal de deportes por el que, en su momento, comenzaron a pagar los consumidores. El cobro que se anuncia es adicional.

Sin que el Estado deba intervenir al fútbol, medida inaceptable para la FIFA, conviene recordar el artículo 52 de la Constitución según el cual “El Estado fomentará estas actividades e inspeccionará, vigilará y controlará las organizaciones deportivas y recreativas cuya estructura y propiedad deberán ser democráticas".

¿La Constitución rige para el fútbol? ¿Son democráticos nuestros clubes? ¿Cuántos son, realmente, clubes? Surgen muchas otras: ¿Desapareció la corrupción que tiene a tantos dirigentes en la cárcel?, excepción hecha de los equipos claramente vinculados con transparentes grupos empresariales. ¿Sus estados financieros son debidamente escrutados? ¿Y sus estructuras de costos y utilidades? Existen muchas y recientes sombras sobre una actividad que hasta hace poco  estuvo  en manos de  delincuentes.

Buena parte de los actuales ingresos del fútbol tieneN origen en pauta publicitaria y  gran parte de ella perteneciente al sector público, propiedad de los ciudadanos. ¿La descontarán de la tarifa o, después de los 30.000, renunciarán a ella? La pauta de empresas privadas es, también, indirectamente pagada por los consumidores a través de los productos que compran.

El Estado debe defender los intereses ciudadanos, en este caso el derecho a la recreación y el deporte que ya tiene rango ministerial. Tiene diferentes herramientas para conseguirlo; confiemos en que, en un acto de elemental justicia, las utilizará.

@herejesyluis

866269

2019-06-17T00:00:01-05:00

column

2019-06-17T00:00:01-05:00

jrincon_1275

none

Estado y fútbol “premium”

31

4260

4291

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carvajal Basto

¿Recesión? Factura a la mala política

¿Y el dólar?

Un año de Duque

Bogotá no es un discurso

Impuesto digital: el Estado se protege