Por: Marcos Peckel

Estados fallidos

La revista Foreign Policy publicó hace días el índice anual de Estados fallidos (EF), el cual como ya es tradicional está encabezado por Somalia, país que es a este índice lo que Harvard es al de mejores universidades del planeta, es decir, plantado de primero como referencia frente al cual se comparan los demás.

¿Cuáles son las características de un Estado fallido? En términos generales una manifiesta debilidad de las instituciones para llevar a cabo las políticas sociales, económicas, jurídicas y de seguridad necesarias para mantener a una sociedad cohesionada, identificada con los valores de la nacionalidad y respetuosa de la ley. Factores como desplazamiento interno o externo, pobreza, desigualdad, derechos humanos, control territorial, corrupción, criminalidad, terrorismo, legitimidad institucional y monopolio de la fuerza son los que caracterizan la fortaleza o debilidad de los Estados.

Hay EF predestinados desde su nacimiento a serlo, principalmente en África y Asia, donde fronteras y Estados fueron establecidos de manera artificial de acuerdo con los intereses de las potencias coloniales. Tal es el caso de la RD del Congo, cuarto en el ranking de EF, y Costa de Marfil, décimo. Otros se convirtieron en Estados fallidos por obra y gracia de sus gobernantes y de la impotencia de sus sociedades. Tal  es el caso de Haití, quinto en el escalafón, primer país independiente de América, y de Zimbabue, sexto, rico país surafricano devastado por el presidente Mugabe y su entorno.

En el duodécimo lugar aparece Pakistán, el que más preocupa a la comunidad internacional por su posición geoestratégica y su armamento nuclear. Pakistán, creado por los ingleses para los musulmanes de India, quizá no estaba predestinado a ser un Estado fallido, pero en sus sesenta años de existencia no ha podido determinar qué exactamente es un “Estado islámico”, mientras que ha sufrido sucesivos regímenes militares, terrorismo, la separación de Bangladesh y una nefasta autonomía de sus servicios de seguridad.

Colombia, puesto 44, es el primer país de América Latina en el ranking de Estados fallidos, seguido por Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Guatemala. Los factores que contribuyen a tan deshonroso lugar saltan a la vista; desplazamiento interno, desigualdad social, crimen organizado, pobreza y una debilidad institucional que ha convertido al Estado en presa de una descontrolada corrupción. El ranking es quizás injusto con nuestro país, pero una es la realidad de las calificadoras de riesgo y otra muy diferente la realidad social e institucional de un país, y el nuestro tiene aún un largo camino por recorrer.

 

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