Por: Hernán Peláez Restrepo

Estamos listos

Sí, señores, estamos listos porque llegó el día de la verdad.

En 90 minutos se comienza a acariciar la gloria o nos vamos dejando un buen balance y una fuente de alegría desparramada por todos los rincones del país. Como es una gran oportunidad, es preciso aprovecharla.

Uruguay, en papel de mártir por la suspensión de Suárez, no es un equipo de proponer un juego ofensivo. Por el contrario, se dedicará a esperar. Eso lo saben hacer bien y, para animarlos, sus seguidores poco se fijan y aprecian el juego, sólo anteponen un verbo: ganar.

Colombia tiene ventajas. Disfrutó por esos avatares del calendario de mayor número de días de descanso. Allí debieron recuperar jugadores y minimizar las consecuencias del desgaste físico. Este detalle es valioso porque en la última salida con Italia los orientales lucieron cansados. Al no jugar Suárez es obvio suponer que Cavani llevará el peso del ataque. Queda una incógnita por resolver: ¿Forlán o Stuani?

Como Colombia tendrá su línea de cuatro zagueros, parece difícil que nos superen, porque con el retorno de Sánchez puede haber control sobre Lodeiro, un jugador que empuja y mueve a su grupo, cuando no está correteando rivales. Ahora bien, Pékerman, que no solamente sabe leer los partidos sino tener en cuenta antecedentes frescos, sabe que Jackson despertó al gol y resulta lógico su aprovechamiento. Además, el jugador, por su condición físico-atlética, puede colaborar en defensa cuando suba Godín o Giménez en la salida de tiros de esquina que tengan.

Por eso anoto las ventajas que tenemos. Grupo recuperado en el rubro de energía, en la zona de contención de los volantes y en estupendo momento de James Rodríguez, a quien Cuadrado le puede ayudar, mientras Teo se la rebusca cerca a la zona defensiva charrúa. La fe en Jackson y en general me hace presentir con optimismo moderado el partido. Tampoco se debe ignorar el espíritu combativo de Uruguay, dolido por el caso de Suárez y que, como siempre ocurre con ellos, van a trabajar y a pelear el partido. Nosotros a jugar lo nuestro. Hay con qué y pleno derecho a soñar, por ahora.

 

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