Por: Arturo Charria

Están agotaditas

La escasez es cosa seria. En las últimas semanas muchas mujeres han fracasado en el propósito de encontrar las pastillas anticonceptivas Bellaface y, al preguntar por ellas en las droguerías, han encontrado la misma respuesta: “están agotaditas”. Ese diminutivo condescendiente, esa sonrisita malévola, suele ocultar una preocupación vital: la escasez de medicamentos.

En internet se consiguen algunas respuestas: la escasez está relacionada con el aumento de la demanda, ya que pasó de costar $55.000 a conseguirse por $12.000. En marzo, Abbott, la farmacéutica encargada de su producción, afirmó que todo se resolvería en pocas semanas. Sin embargo, pasan por alto que esto podría incentivar un mercado negro entre quienes acaparan varias cajas y las venden por encima de su costo habitual.

La respuesta de Abbott es la misma que suelen dar los gobiernos socialistas cuando hay escasez de productos: ante el aumento de la demanda, se agotan más rápido ciertas mercancías y debe “ajustarse” la producción. Pero hay quienes ven en la escasez una guerra económica con la que el mercado se “defiende” de la regulación de precios, pues, a la escasez del producto y a la alteración de la vida de miles de personas, se debe sumar el miedo que genera la incertidumbre.

Este tipo de situaciones afectan de forma directa la vida y las decisiones de las mujeres, ya que las pastillas no solo son usadas como método anticonceptivo, sino que también es un medicamento que puede resultar esencial para quienes han sido diagnosticadas con algún tipo de desorden hormonal. Alterar la prescripción tiene implicaciones en su salud y no puede cambiarse por un producto similar, como ocurre con otros fármacos; cualquier modificación debe ser aprobada por el ginecólogo y, en la mayoría de los casos, esperar un mes antes del cambio. Por tanto, de lo que se trata es de un asunto en el que se decide sobre el cuerpo y la vida de miles de personas sin que haya consecuencias directas hacia quienes generan esta afectación, sólo vagas respuestas en las que “el sistema” resulta ser el responsable.

Inquieta que no se hable lo suficiente del tema, como si se tratara de un asunto que solo se puede tratar en voz baja o como si fuera un rumor de la esfera privada de unas cuantas mujeres que deben cambiar su método de planificación. El silencio alrededor de este tema no implica que el tema sea menor, sino que podría evidenciar el sesgo conservador que tienen las agendas de medios y de ciertos sectores sociales.

Es importante que Abbott responda por la situación que está produciendo, pues es sabido que, durante la discusión de la ley de regulación de precios, fue uno de los principales opositores de la misma. Además, no debe pasarse por alto que esta crisis se ha presentado a lo largo del año, con momentos de mayor y menor intensidad, como si se tratara de una decisión de la farmacéutica de poner y quitar el producto del mercado.

De ser así, el Gobierno debe tomar las medidas y sanciones correspondientes, porque es la salud pública la que está en juego. ¿Qué pasaría si fármacos necesarios para preservar la vida de quienes padecen enfermedades terminales comienzan a escasear? Angustia pensar que estos temas se naturalicen y que terminemos cediendo ante un chantaje que se oculta en un problema de “producción”. Tienen que entender las farmacéuticas y el Gobierno que este tipo de situaciones pueden hacer que la paciencia de la ciudadanía comience a quedar agotadita.

@arturocharria
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