Por: Columnista invitado EE

Estanislao Zuleta, 30 años después

Por Juan Carlos García Lozano*

El pedagogo colombiano Estanislao Zuleta murió en Cali el 17 de febrero de 1990. Han pasado 30 años de su ausencia física, pero su presencia intelectual, filosófica y ética nos sigue acompañando en el campo estratégico de las ciencias humanas.

El ejercicio de la crítica, desarrollada a partir de una pedagogía democrática, afincada ella a su vez en la oralidad, la inducción y la exégesis de los textos, inscribió a Estanislao Zuleta en una condición histórica novedosa por ser anacrónica en su tiempo: ser un maestro autodidacta de la palabra y del pensamiento complejo, lo cual es tanto como decir un amigo desinteresado de la verdad situada.

Esta vida de autodidacta espontáneo que cultivó por más de 30 años, dentro y fuera de la universidad colombiana, lo llevó a recorrer nuestro país interpelando para ello distintos saberes y lenguajes sociales (literatura, historia, psicoanálisis, marxismo, filosofía, antropología, etc.), que difundía mientras congregaba amplios y variados auditorios que esperaban sus más lúcidas interpretaciones con una voz pausada y reflexiva que todavía hoy se recuerda.

Como hombre de izquierda, su única propiedad privada fue hacerse desde la adolescencia con una buena biblioteca personal, en la que los autores clásicos del pensamiento antiguo y moderno no podían faltar. Dada su condición de hombre libre, defensor de los derechos humanos y comprometido con un proyecto de autonomía individual y colectiva, luchó junto con otros amigos, como Héctor Abad Gómez, por hacer válido en Colombia el principio democrático del derecho a la diferencia.

Como pensador de la autonomía, fue consecuente con asumir y enseñar una vida con posibilidades reales, haciendo de ella una obra de arte a la altura de las conquistas de la humanidad, donde la igualdad y la justicia se practicaran de forma cotidiana para todos. Desde esta perspectiva ética, política e intelectual luchó generosamente contra la violencia, la dominación y la guerra, que son otras tantas formas de simulación, manipulación y falsedad entre los hombres.

Subrayando que Estanislao Zuleta fue por lo mismo un hombre político qua militante de izquierda y un lector voraz qua fundador de revistas y círculos de lectura, puede considerarse que su legado pedagógico fue pensar una iniciativa de reforma intelectual y moral para leer, interpretar y transformar el sentido común dominante, desigual e injusto. Esto quiere decir que en su legado intelectual se advierte una pedagogía crítica de cuño progresista que pone en situación la concepción de mundo que tienen las clases y los grupos subalternos, los más golpeados por las violencias en nuestro país.

Esta crítica del sentido común, tachonado en un contexto de profunda violencia y desigualdad política y social, es un elemento fundamental que puede tener en cuenta hoy la Comisión de la Verdad en Colombia para la preparación del informe final que se publicará en el año 2021. En esa medida, 30 años después de su muerte, la crítica explícita de Estanislao Zuleta a la guerra, entendiéndola como una “borrachera colectiva”, puede ayudarnos a pensar una verdad histórica situada desde las vivencias y los relatos de los millones de víctimas.

* Profesor del Observatorio de Paz de la Universidad Libre.

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