Por: Antonio Casale

Estar adentro

Ahí estaba yo, solo, dentro de una cancha que se hacía más grande producto de los nervios que se apoderaban de mi alma.

Las piernas me temblaban y las dudas sobre mi juego se mezclaban con la fortaleza mental que me daba el haber llegado a la final gracias a mi buen nivel. La cancha central del club Los Búhos se preparaba para recibir la final de tenis de su categoría máxima, y no piensen que por ser máxima es de un altísimo nivel, nada de eso. Pero mi sueño de niño se hacía realidad y en las gradas seis personas se agolpaban a ver el partido. Para mí eran como seis mil, el solo hecho de saber que alguien sentía curiosidad por ver la final me alimentaba la ansiedad.

Siempre he oído a los deportistas quejándose de que los periodistas no sabemos lo que es estar ahí, en medio de la nada jugándose la vida ante los ojos inquisidores del público. Y hasta cierto punto tienen razón, pues aunque su trabajo es desempeñarse bajo esas condiciones, todas estas circunstancias deberían servir como referencia a la hora de evaluar su desempeño.

La semana pasada, Alejandro Falla le ganó a Gael Monfils, 18 del mundo y al otro día perdió con Kohlschreiber, un alemán que está entre los mejores 30. De inmediato en los diversos foros y en mi Twitter, aparecieron los comentarios burlescos. Más allá de que sea cierto que a los deportistas nuestros, y a los colombianos en general nos falta asumir los retos con mentalidad ganadora, también lo es que no le damos mérito a los coterráneos que logran llegar a la élite mundial. Para que Falla llegara a ser 65 del mundo, tuvo que ser primero el mejor de su club, después de Cali, del Valle, del país y luego estar entre los mejores del continente. Como si fuera poco tuvo que empezar a sumar puntos viajando por el mundo a jugar torneos de todas las categorías, sorteando el clima, la soledad, las lesiones y otros avatares propios de quien sueña y trabaja para conseguirlo. A pesar de todo, ahí está, jugando de tú a tú con los mejores para ganarse la vida.

Estas gestas individuales de Falla y otros pocos sirven como un espejo que ya empieza a reflejar los resultados. Por eso el valor de las medallas de oro obtenidas en los olímpicos de la juventud a través de Juan Sebastián Gómez en tenis y el equipo de ciclismo. Pararse en una cancha a luchar punto por punto por la gloria, sobre todo cuando se trata de un trabajo que significa entregar la vida en un campo a cambio de un resultado, no es tarea fácil para nadie. Después de lo que viví el sábado en mi pequeña final recreativa, me quito el sombrero ante nuestros tenistas, boxeadores, automovilistas y demás deportistas que tienen el valor de escoger una disciplina individual como modo de vida.

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