Por: Cecilia Orozco Tascón

Este día histórico y las aves de mal agüero

Este día histórico de clausura definitiva del enfrentamiento armado entre colombianos del establecimiento y colombianos de las Farc, no nos lo van a nublar las aves de mal agüero ni los hechiceros que hipnotizan con sus discursos de mentiras y odio a un pueblo sin información y, peor, sin formación. Que si son más fusiles, que dónde están las caletas, que por qué no hay fotografías de los misiles, que si la ONU está comprada, que si son “el cartel del narcotráfico más grande” del planeta (y del sistema solar); que si los exguerrilleros tienen derecho a la libertad provisional, que si pueden organizar una banda musical o asistir a un evento cultural… ¡¡¡Que si somos “castrochavistas”, que si nos “venezolanizamos”!!! Que digan lo que quieran. No nos van a quitar el día en que cesaron de matarse 7.000 hombres y mujeres con otros tantos o más soldados o de morir en el fuego cruzado innumerables civiles inermes, todos campesinos pobres, citadinos pobres, hijos de la nada, ningún apellido elegante, ningún nombre poderoso de los que incentivaron la guerra. No nos lo van arrebatar con su egoísmo electorero ni con sus mensajes chupasangre de las redes sociales los grandes señores enemigos de ayer con sus alianzas inmorales de hoy, sentados en la mesa del conteo de votos el que “cedió la mitad del país al terrorismo” con “el que acogió al asesor de Pablo Escobar”, como se describieron a sí mismos. Ni siquiera permitiremos que la tristeza por el atentado al Andino, perpetrado una semana antes de esta celebración, nos enturbie el alivio de nación que sentimos.

Otra cosa será la reflexión que hagamos sobre la presencia de un “Movimiento Revolucionario del Pueblo” que estaría reiniciando un ciclo de violencia cuando apenas comienza una etapa de convivencia. Si se confirma que este Mrp existe, tal como lo afirman la Fiscalía y la Policía, estaríamos ante una reacción bárbara de anarquistas, extremistas de izquierda, a la acción también bárbara de extremistas de derecha, unos de los cuales andan exacerbando iras políticas, iras religiosas, iras “de preservación de la familia”, iras de clase y hasta iras ambientalistas y animalistas. Repito, si existe este Mrp, increíble porque estaría presuntamente compuesto por universitarios y profesionales de sociología y derecho, habría sido incentivado por la esquizofrenia nacional y también —con su cuota de procreación— por las rabias desatadas por una facción prepotente, sobrada diría uno, de una élite social que supone que su bla, bla, bla mortífero no genera consecuencias sino solo ganancias en las urnas. O lo que es más grave aún, que sabe lo que germina tras sus palabras y no le importa si a cambio retoma el control para rehacer el mundo a su imagen y semejanza.

El Estado no admite la reorganización del extremismo paramilitar. La llama “bacrim”. El punto no es cómo se le tilda sino sus efectos. Y son idénticos: asesinan líderes comunitarios en el norte; defensores desalojados de sus tierras en el sur; representantes de cultivadores en Chocó y ya empezaron a matar exguerrilleros y familiares de estos. Llamen a los homicidas “bacrim” pero los hechos están ahí ¿Creían que el extremismo del otro lado no iba a reaparecer? El atentado a un centro comercial de estrato alto, justo el muy comercial Día del Padre, ¿no sería el símbolo preciso para un izquierdismo loco que atacaría el otro cabo del hilo? Ojalá la loca sea yo. Nada me gustaría más que estar completamente equivocada porque esta generación no resiste otra espiral de violencia cuya cúspide no nos tocaría a nosotros sino a nuestros hijos y nietos. Pero no solo a ellos: a los de las ex-Farc, a los de los militares, a los de los líderes económicos y políticos, y con estos, a los hijos y nietos de los que han hecho de la amargura y la venganza su bandera. Yo no estoy dispuesta y me niego, con toda la energía de que soy capaz, a ser otra vez víctima de la fatalidad colombiana. ¿Ustedes?

 

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