Por: Marcos Peckel

Estelas globales de 2017

La  gran estela del año  la deja Donald Trump, sus trinos, el paulatino cumplimiento de sus polémicas promesas electorales, su  desdén por los valores de la democracia y el imperio de la ley y la incertidumbre  que  no se disipa sobre sus intenciones como inquilino de la Casa Blanca. Y  quedan tres años.    

Las ruinas de varias ciudades en Irak y Siria, las ratas circulando por  basurales,  el interminable desfile de  seres humanos deambulando  sin destino por los escombros, atestiguan el dantesco final del Califato de ISIS.  Su lugar  lo ocupan otros no mejores:  Al-asad, las milicias shiitas, Hezbollah  y La Guardia Revolucionaria al servicio de los Ayatolas.

Destino similar a ISIS sufrió en 2017 la oposición venezolana, aniquilada por sus propias fracturas, las hábiles maniobras del otrora subestimado Nicolás Maduro, una “constituyente” espuria que funge de consejo superior de la “cosa nostra chavista” y unos organismos regionales cooptados por  petrodólares, ahora “petros”. Algún dia  alguien, posiblemente,  ofrecerá una  explicación  razonable de como Venezuela descendió al mismismo infierno.    

2017 marcó el final de  un nonagenario dictador al que sus pares, Maduro incluido, quisieran emular: Don Robert Mugabe quien finalmente sucumbió tras 37 años en el poder en Zimbabue, pasando de héroe a villano,  condenando a la miseria y la perdición  a  un rico país.      

En 2017 la crisis  política llegó adonde nunca  debió llegar,  testimonio de  los desafíos de gobernar en  el siglo XXI.  Alemania,  bastión de  una Europa que se descose por todos lados, país inmune a la crisis de 2008, la del pacto social e  índices sociales envidiables, no ha podido formar gobierno desde las pasadas elecciones hace ya meses.  Preocupante.  

La indiferencia global al sufrimientos humano tuvo en 2017 un capítulo mas  en Myanmar.  Centenares de miles de musulmanes Rohingya fueron expulsados de sus aldeas, posteriormente incendiadas, mujeres y niñas violadas.  Sus “hermanos musulmanes” agrupados en la Organización de Cooperación Islámica”, tan raudos en reaccionar contra la  declaración de Trump sobre Jerusalem, permanecieron mutis  ante esta hecatombe. Hipocresía pura. 

2017  evidenció  que la traición sigue siendo  pilar  de las relaciones internacionales. Durante la guerra contra ISIS en Irak y Siria los kurdos pusieron el pecho y los muertos, se aliaron con las potencias occidentales y fueron claves en la derrota del Califato. Cuando quisieron realizar se centenario sueño nacional  en Irak  fueron traicionados por Estados Unidos y occidente. Ahora quedan a merced de los ayatolas y del “depredador de Ankara”.

El menudo dictador en  Pyongyang tuvo al mundo en vilo en 2017. Misiles, bombas, ensayos y amenazas y el juego seguirá en el 2018 con Trump al otro lado del  siniestro ajedrez atómico. Sin embargo,   la diplomacia tiene una oportunidad de demostrar su valía. Quizás. 

Uno de los cambios significativos en la geopolítica global en 2017  fue  el incremento a  280 caracteres de los  trinos en  Twitter. Lo que nos tocará ver y oír.

 

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