Por: Columnista invitado

Estereotipas de género

Por: María González

Lo de arreglarse las uñas como parte de la “esencia vanidosa de las mujeres”, que se ha de mantener en todos los espacios de su quehacer cotidiano, forma parte de una caracterización de lo femenino hecha recientemente por una concejala bumanguesa.  A todas luces una caricatura. En efecto, la susodicha expuso tal argumento en su defensa, ante la comprobada falta laboral de dedicarse en el escenario del Concejo, en pleno debate, a asuntos cosméticos (estos sí literales, que bien hubieran podido ser mecánicos o inmobiliarios, valga la pena aclarar). Pero lo más patético o lo peor, encontró eco. El enfoque dado por algunos y algunas a la noticia fue: ¿Es acaso un pecado ser mujer?; ¿Por qué tenemos que negar que somos mujeres en los espacios laborales?; ¿No es este acaso un ejemplo del femenino multitasking?

Si es que había algo que resaltar en este hecho, no era un asunto alusivo a construcciones de género, sino de incumplimiento laboral; pero los medios voraces de comunicación explotaron el estereotipo “mujer vanidosa” y “político vago”, o peor, de “mujer vanidosa” y “mujer incompetente políticamente” para construir y vender una noticia; y por su parte,  la concejala utilizó una supuesta reivindicación feminista para intentar esconder su responsabilidad, o más bien su falta de responsabilidad en su trabajo.

Ciertamente los términos de la reivindicación y defensa de los derechos de las mujeres están siendo trastocados o trivializados por muchas o muchos feministas de micrófono o de a oídas, y en general, por los medios orientadores de opinión. Los derechos de las mujeres exceden por mucho los temas clásicos de los programas de mujeres como la reivindicación del placer sexual femenino; del derecho a decir no o de seducir, de la decisión personal e intransferible sobre los modos de vestir o de hablar, y que son solo una minúscula parte de una agenda de las mujeres. En sí mismos no son temas superfluos cuando aún hoy es posible comprobar que muchas mujeres son segregadas o violentadas, todo por no ajustarse a un modelo de mujer en la cama, en la pinta etc. El problema es la incompetencia de muchos y muchas quienes ofician o pontifican desde los medios sobre este asunto (o sobre todos los asuntos, por demás), como por ejemplo sobre el tema del acoso sexual que fue reducido al tema del piropo callejero y “la galantería o la ordinariez masculina” o la “sensibilidad femenina”, o si a mí me gusta o no. ¡Patéticos y patéticas!

La política es asunto de mujeres, y no porque supuestamente la madre naturaleza nos haya hecho más honestas y trabajadoras como lo venden en propagandas políticas de pacotilla, o más pacíficas o transparentes, como si no hubiera Gatas con gaticos, o Sor Teresas o ladronas, corruptas o asesinas… sino porque es un derecho (que mucho que nos ha costado) y ya, y estamos en condiciones de ejercerlo, y no solo en temas alusivos o encasillados como de género o mujeres.

Mientras la agenda informativa hurga en sandeces, en la cotidianidad hay numerosas mujeres que realmente trabajan con las uñas. Forman parte de esfuerzos organizativos de reclamación de derechos, muchos de ellos violentados en razón der ser mujeres, como Doña Ruth Bonilla de la Asociación de Víctimas Pa’Degustar, o las Mujeres por un Nuevo Paraíso, o las indígenas del CRIHU. Muchas de ellas han sido víctimas de violencia sexual por parte de actores armados que quisieron demostrar su poder sobre ellas o sus comunidades y las violaron como botín de guerra; muchas han sido víctimas del reclutamiento forzado o de los homicidios de miembros de sus familias o sus comunidades; otras lo fueron del desplazamiento forzado.  Son mujeres que han sido víctimas de la guerra y que reclaman la reparación que les compete como víctimas mujeres con afectaciones específicas, pero que también reclaman el ejercicio de los derechos que les competen por el hecho mismo de ser ciudadanas, un ejercicio que en especial está lleno de limitantes para los y las habitantes y rurales:  organizarse, participar, demandar educación, capacitación, empleo, dignidad, derecho a la tierra, etc. Son mujeres de campo o de pequeños municipios, y sus reclamaciones son incluyentes para ellas como víctimas, pero también para mujeres no víctimas y para sus comunidades.  A usted también le podría interesar, aunque no sea #metoo o #yotambien. Ah y arréglese las uñas en su casa, ya sea que se reconozca como hombre o mujer. En fin. A trabajar así sea con las uñas.

marianonimagonzalez.blogspot.com.co

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