Por: Jaime Arocha

Estética y exotismo

ME PREGUNTO POR LA BONDAD del realce globalizado que reciben las "estéticas negras" como parte del año en pro de la gente de ascendencia africana.

Jacques Chirac militó para que fueran albergadas en el Museo del Louvre junto a las de las “altas civilizaciones”. De ahí que en 2000 inaugurara el Pabellón de las Sesiones con obras maestras de África, Oceanía y las Américas.  A partir de 2006, ese pabellón dejó de ser parte del museo más grandioso del mundo y fue incorporado al de Quai Branly, museo abierto para fomentar el diálogo multicultural, mediante colecciones etnográficas que habían estado en los museos del Hombre y Nacional de las Artes de África, Oceanía y las Américas.

Este relativismo cultural renació gracias a una museografía que exalta la conmoción estética a costa de las fichas técnicas sobre los sentidos sociales, políticos, ceremoniales y simbólicos de un mismo objeto. De ahí exposiciones que realzan belleza y exotismo inspiradas por coleccionistas privados como el consejero de Chirac, Jacques Kerchache, quien desplazó a los etnógrafos en el diseño del Quai Branly, con consecuencias discutibles. A ese museo lo han acusado de exhibir estatuas de la civilización Nok sin cumplir con las convenciones de Unesco o del Consejo Internacional de Museos contra el saqueo. Defensores de la galería argumentan que todas las culturas son híbridas, y que entre 800 a.C. y 200 a.D, cuando los artistas de Nok esculpieron las estatuas, no existían naciones-estado como la de Nigeria, que hoy defiende derechos sobre lo que considera su patrimonio cultural.

Me refiero a semejante justificación teniendo en cuenta los tratados de libre comercio que pronto se aplicarán. Emprendedores culturales del sector privado como “Enlaces artísticos” ya han llevado a cabo intermediaciones que permiten que el propio Museo Quai Branly monte la exposición “La esclavitud, métodos y prácticas”, a partir de la muestra que hace dos años hizo en Bogotá el Archivo General de la Nación. Y en 2010, el Ministerio de Cultura se asoció con la Fundación Acua, “Activos” Culturales Afro —el realce es mío— para traer a la fotógrafa camerunés Angèle Etoundi Essamba y montar paneles rectangulares que viajaron por todo el país con una obra que estremecía al espectador, pero que carecía de la necesaria traducción cultural. A este infortunio lo reitera el lujoso folleto de distribución mundial titulado “Herencia africana, retratos de mujeres africanas y afrocolombianas”, editado por la misma fundación, junto con otras como FIDA, cuyo logo reza: “Dar a la población rural pobre la oportunidad de salir de la pobreza”.

Quedan así pocas dudas acerca del papel que dentro de la noción contemporánea de desarrollo les están asignando a los capitales simbólicos de la gente de ascendencia africana. Sin embargo, el actual contexto “locomotriz” no ha indicado si se desprenderá de ese “todo vale” que en 2008 premiaba al ministerio del ramo por cuadruplicar en ocho años la participación de las exportaciones de bienes culturales dentro del PIB de la nación.

Para algunos, en un año como este, es loable combatir la inferiorización de las culturas, como lo hizo Chirac. Para otros, esa militancia tiene de negativo su congenialidad con esta globalidad imperial que poco duda de su poder.

 

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