¿Estúpidos hasta el suicidio?

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Afroamericanos votando por un racista. Mujeres apoyando a un misógino. Latinos marchando a favor de quien los desprecia. Gente con condiciones de salud preexistentes votando por quien promete quitarles su póliza de salud. Gais, y padres con hijos gais, alabando a un presidente homofóbico. ¿Serán, como dijo alguna vez Arturo Pérez-Reverte, “estúpidos hasta el suicidio”?

Quizás. Lo cierto es que lo más llamativo de las elecciones en EE. UU. es la cantidad de votos que obtuvo Donald Trump de parte de sus mayores víctimas. Eso, más el hecho de que el voto popular demócrata aumentó pero no en exceso frente al 2016. Es como si la mitad del país fuera ciego a lo que ha mostrado Trump en su mandato. Que él haya ganado en el 2016 es sorprendente, porque su esencia se evidenció en la pasada campaña electoral. Pero luego de cuatro años de mostrar a diario su alma tan mezquina, con sus mentiras y su maltrato a gente indefensa, separando familias de inmigrantes en la frontera y encerrando niños en jaulas, que él haya obtenido un respaldo casi mayoritario es insólito. Esta gente, como dijo T. S. Eliot, ha tenido la experiencia pero no ha captado el significado.

La triste verdad es que si no hubiera sido por un evento totalmente excepcional a nivel mundial, una pandemia arrasadora que ha contagiado y matado a millones de personas, este presidente, con todos los defectos que ha demostrado, habría barrido en las elecciones. Y eso es desalentador.

Muchos han intentado explicar este fenómeno. No es fácil, porque la gente casi nunca aprueba a un candidato al ciento por ciento. Siempre hay que poner de lado algo, ya sean ideas, rasgos o propuestas, para votar por él o ella. Pero lo que jamás sucede es que la gente tenga que poner de lado los ataques que ese candidato lanza en contra de su propio grupo social. Eso tuvieron que hacer todas estas personas que votaron por Trump. La gente más maltratada por el presidente, sus víctimas, lamiendo sus zapatos mientras él las pisotea.

Llama mucho la atención, por ejemplo, la población afroamericana. Sí, la mayoría votó por Biden, pero en Miami Gardens, la ciudad con la mayor población afro de la Florida, los votos a favor de Trump se duplicaron frente a los comicios pasados. Los están matando en la calle, y en gran parte los asesinos están espoleados por los discursos del presidente. Surge en reacción un movimiento popular como no se veía desde los años 60, y todo para oponerse a un mandatario racista que piensa que los blancos son superiores. Aun así, miles de afroamericanos en Luisiana, Misisipi y Alabama votaron por Trump.

Igual se puede decir de las mujeres. De los gais. De los latinos. De quienes más sufrirían con su triunfo, como la gente que perdería su póliza de salud.

Sin duda, hay temas que explican el voto desconcertante por Trump. Aspiraciones materiales, miedo al socialismo (como dije en mi columna pasada), los impuestos, el aborto, etc. Puede ser. Pero también puede ser algo más turbio y complejo, incluso una motivación siniestra y suicida. Ha pasado antes en la historia, como en Alemania en 1933, y a la vez en los países de la Cortina de Hierro: mucha gente apoyando a quien los desea oprimir o exterminar. Por eso dijo Milan Kundera: “Eres un ingenioso aliado de tus propios sepultureros”.

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