Por: Alvaro Forero Tascón

“Estuvimos a centímetros de lograr un acuerdo”

Pasó desapercibida la frase que mejor retrata la política de los últimos años en Colombia, y la más reveladora de los intereses políticos frente a la paz: “estuvimos a centímetros de lograr un acuerdo con el expresidente Álvaro Uribe”. La dijo el saliente comisionado de paz Sergio Jaramillo en una entrevista la semana pasada.

Se refería al proceso de negociación entre el Sí y el No luego del plebiscito, que concluyó con la inserción de 58 cambios en los acuerdos de paz. Cambios acordados con representantes del No, encabezados por el expresidente Alvaro Uribe. Nadie ha descalificado la frase y proviene de una persona con credibilidad por haber enfrentado intelectualmente tanto a las Farc como a la oposición política, como a sectores al interior del Gobierno, y por ser el único protagonista del proceso de paz sin intereses políticos personales.

Revela que la división del país, surgida de la oposición al proceso de paz con las Farc, ha sido más por razones electorales que de principios. Porque si en la negociación con el Sí, el No contempló que los cabecillas de las Farc pudieran cumplir penas cortas en colonias agrícolas en lugar de cárceles, y esperar el cumplimiento de una parte de la pena para ser elegibles a cargos de elección popular, en realidad no estaba en contra de la “impunidad” y la participación política de la guerrilla, como dice hoy.

Hay dos razones para que las partes hubieran estado “a centímetros de lograr un acuerdo”. Que todos los sectores del No habían sido, en el pasado, parte del consenso nacional de terminar el conflicto permitiendo cambiar balas por votos, y que debían cumplir la promesa electoral de que el No era para mejorar los acuerdos. Sin embargo, el No acababa de derrotar al Sí, y, en apariencia, tenía servida la victoria en las elecciones presidenciales si mantenía la estrategia política extremista que había funcionado en el plebiscito. No iban a regalarle a Santos la paz por consenso luego de derrotar su bandera de la paz.

Para muchos este tema es pasado, y lo que importa ahora es si ese cálculo electoral le servirá al uribismo para recobrar el poder. Así sea mentira que puede echar para atrás los acuerdos. Lo que sí buscaría hacer es lo que hizo con los cabecillas paramilitares, buscarles incumplimientos para incumplirles el compromiso de no extradición.

Pero el testimonio de Jaramillo será invaluable para los historiadores, que tendrán que explicar este periodo tan complejo de la vida nacional, y el hecho incomprensible de que buena parte de la sociedad menosprecie el valor de la paz a pesar de haber vivido un conflicto tan sangriento y doloroso. Ayudará a entender que la terminación de la guerra estuvo dominada por discusiones partidistas y no reflexiones humanitarias, económicas, sociales o internacionales, como habría debido ser. La frase obligará a escudriñar por qué una sociedad que solo había logrado unirse por la guerra, se divide profundamente ante la posibilidad de la paz. Y a averiguar qué permitió misteriosamente sobreponer la interpretación partidista a la humanitaria, económica, social e internacional. Encontrarán los historiadores que no fueron razones, sino emociones. Las mismas que siempre explota el populismo.

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