Por: María Elvira Bonilla

Ética en tiempos de crisis

Es común pensar que las crisis son consustanciales a la naturaleza humana, que son cíclicas y que por lo tanto la de ahora, con sus manifestaciones particulares, no es más que otra de las tantas que ha padecido la humanidad.

La filósofa española Adela Cortina cree que no hay tal. Que la ausencia de valores éticos que atraviesa la sociedad contemporánea ha influido de manera determinante en la crisis que vive el mundo actual.

Recuerda Adela Cortina la lección de aquel jefe indígena que contaba a sus nietos cómo en las personas hay dos lobos, el del resentimiento, la mentira y la maldad, y el de la bondad, la alegría y la misericordia. Uno de los niños que lo escuchaba le preguntó: abuelo, y ¿cuál de los lobos crees que ganará? El que alimentéis, le contestó el anciano sabio.

Los economistas, y especialmente los de corte neoliberal que tanto han pesado sobre la crisis, suelen afirmar: “lo que no son cuentas son cuentos”. Creen que la economía sigue su curso inmune a la codicia, ciegos a las evidencias de la catástrofe de 2007 ocasionada por el poder ilimitado del capital financiero. Pero son precisamente decisiones de economistas, con su prepotencia y su vanidad volcada a una visión donde los vicios mandan sobre las virtudes, las que han llevado al mundo al abismo en el que se encuentra, desconociendo que la ausencia de valores éticos perjudica la vida pública, el bienestar colectivo.

Cortina reconoce a una España desmoralizada. Y no sólo por lo mal que se han hecho las cuentas, sino por el sartal de mentiras públicas y de falsas ilusiones que empujaron a miles de personas a asumir hipotecas que difícilmente podrían pagar, simplemente para dinamizar el capital. Cuando a todo ello se suma que las presuntas soluciones empiezan por el recorte a los más débiles, quienes menos responsabilidades han tenido en el derrumbe, parece difícil creer que la falta de ética (de competencia, transparencia y responsabilidad) no tenga nada que ver.

Propone entonces emprender alguna medidas para romper el círculo de la desmoralización colectiva, que no es sólo española. Optar por la verdad desde el poder político y el económico y explicar con claridad el proyecto que se tiene por delante para que los individuos tengan información para actuar.

Imponerle tasas a las transacciones financieras, en este mundo de capitalismo financiero, que es preciso replantear y atajar su expansión desbocada. Acometer mejor medidas de crecimiento, generadoras de empleo y dirigidas a estimular la capacidad creadora.

No insistir en recortar por lo más fácil, sino exigir la devolución de lo que se ha robado y reducir los sueldos de los implicados en la mala gestión. Dar ejemplo.

Proteger a los más vulnerables, a los enfermos, los inmigrantes, los dependientes, los niños. Y no sólo porque es la forma de lograr cohesión social, sino porque es su derecho de justicia y de obligada solidaridad.

Tratar de recordar lo que nos une y respetar lo que nos separa, porque agitar sólo lo que puede separarnos es, hoy más que nunca, letal, dice.

Qué bien caen en Colombia estas reflexiones de Adela Cortina, en tiempos del discurso de una prosperidad, imaginaria y retórica, montada sobre unas locomotoras que ya no arrancaron.

 

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