Por: Rodolfo Arango

Ética, medios y política

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN INforman y contribuyen a la formación de una opinión pública crítica. Su capacidad de influenciar a los ciudadanos aumenta el grado de responsabilidad social de los medios.

La democracia deliberativa supone su ejercicio de las libertades de expresión, pensamiento y opinión dentro del respeto de los principios de veracidad e imparcialidad. El ejercicio ético de la función social de los medios debe cuidar su independencia y su compromiso con la verdad.

Estos altos principios se han puesto en juego de unos años para acá por el ejercicio sagaz de la política. El presidente Uribe violó la regla de oro de separación del poder político y los medios de comunicación. Cooptó a una de las principales empresas formadoras de opinión mediante la escogencia de su fórmula presidencial. Por su parte, Francisco y Juan Manuel Santos echaron por la borda el sabio consejo de sus mayores. Con ello abrieron la puerta a la propaganda política como forma de gobierno. Pero la actuación corruptora no paró ahí. Las leyes aprobatorias de subsidios a grupos económicos dueños de ingenios azucareros y canales de televisión —es el caso de RCN, hoy denominada “Radio Casa de Nariño”— acabaron por secuestrar la independencia y objetividad de noticieros y programas de opinión. ¿Cómo se explica que otros medios busquen incorporar a sus filas posibles candidatos presidenciales?

La propiedad privada de los medios de comunicación no excluye la defensa de intereses particulares. Las conveniencias políticas no están ausentes de la opinión editorial de noticieros, periódicos y revistas. No obstante, el pacto social plasmado en la Constitución Política exige no tergiversar los hechos ni manipular la opinión. En una sociedad democrática los medios de comunicación tienen el deber ético de no sustituir el juicio de los ciudadanos. El buen periodismo se distingue del ejercicio partisano de la profesión por permitir al informado hacer sus propios juicios sobre los actores públicos y los asuntos de interés general.

El más reciente manejo parcializado y malintencionado de los medios involucra la deliberación legítima del Polo sobre el desempeño de su ex secretario Daniel García-Peña. El incidente suscitó la posible renuncia de Carlos Gaviria a la presidencia del partido. Este último llamó al primero a asumir sus responsabilidades ética y política por firmar contratos a nombre del Polo sin tener autorización para ello. Pero la habilidad de García-Peña y sus apoyos familiares en El Tiempo y en la Revista Cambio, aunada con la desinformación malintencionada de CMI sobre infracción del tope de gastos, intentaron convertir un ejemplo de autocrítica y responsabilidad éticas en una persecución estalinista de radicales de izquierda. Triste servicio el que le prestan estos medios a la opinión pública. A tal grado ha llegado la manipulación que la contundente aclamación de Carlos Gaviria como presidente del Polo por la Convención Nacional de la colectividad es presentada por medios interesados como la imposición de un candidato por parte del partido comunista y del MOIR.

Otro tanto hace una celebrada periodista al presentar sesgadamente la decisión de la Corte Constitucional sobre la inviolabilidad del voto parlamentario, de la cual fuera ponente Carlos Gaviria. Pese a la rectificación del ex magistrado en el sentido de que la Corte dejó en firme la investigación de posibles delitos cometidos por los congresistas, la mencionada persiste en difundir verdades parciales. Cuando los periodistas antepongan el ser fiel a los hechos al servilismo a los poderosos, tendremos unos medios más responsables y una sociedad más democrática y pluralista que propicie la civilización.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rodolfo Arango

Tres espectros

Propiciemos el cambio

Enseriemos el debate

Dejación de ilegalidades

Adiós a las armas