Por: Pascual Gaviria

Europa fronteriza

EN 1946 GEORGE ORWELL ESCRIBIÓ un pequeño artículo titulado "Hacia la unidad de Europa".

A pesar de que el escenario de la Segunda Guerra Mundial todavía echaba humo, Orwell le entregaba al viejo continente algunas nuevas y tremendas responsabilidades: impedir una guerra atómica y librar a la humanidad, con su ejemplo, del “colectivismo oligárquico” de la URSS y del ensimismamiento capitalista de las masas en EE.UU. Europa era el único lugar del mundo donde el socialismo podía ser una realidad: “El espectáculo de una comunidad en la que sus integrantes sean relativamente libres y felices, y en la que el objeto primordial de la vida no sea la búsqueda del dinero o el poder”.

Cinco años más tarde se firmaba en París el germen de la actual Unión Europea bajo un proyecto no propiamente socialista: Comunidad Europea del Carbón y del Acero, un simple acuerdo sobre aranceles a los materiales claves para la reconstrucción. Desde ese momento, a mediados del siglo XX, hasta los tiempos de la actual UE se han firmado nueve tratados con la intención de ir más allá de la moneda única y el levantamiento de los puestos fronterizos.

En algo tenía razón Orwell. Durante los primeros años de la Unión Europea como ente con representación política, los socialistas fueron mayoría. En la década del noventa, cuando se lograron algunos de los acuerdos más importantes, los socialistas y sus aliados tenían algo más del 50% del hemiciclo europeo. La unificación alemana trajo un entusiasmo de solidaridad y, para decirlo en palabras de Orwell, se venció “la apatía y el conservadurismo que padece la población en todas partes, su incapacidad de imaginar nada realmente nuevo”. Vencidas esas dificultades, parecía que las palabras insignia del continente, Libertad y Justicia, habían logrado relegar a otra palabra siempre inquietante, Seguridad.

Ahora el fracaso de algunos sueños socialistas tiene a la Unión Europea en sus peores días. La crisis económica ha creado un recelo inevitable entre los países que mantienen sus cajas en orden y los que han debido sacrificar a sus ministros de hacienda. Los primeros imponen las medidas desde el escalón de los virtuosos y los segundos reciben el escarnio y la furia de sus ciudadanos. Para tristeza de Orwell, la unión Europea ha comenzado a ser vista como una nueva versión del odiado Fondo Monetario Internacional y ahora los socialistas y sus socios apenas llegan al 35% de los escaños en el Parlamento Europeo.

Parece que la UE y sus relucientes 27 estrellas no soportan del todo bien los avatares electorales. El populismo nacionalista y el discurso xenófobo no sólo han crecido dentro de los países miembros, sino que han llegado hasta las políticas europeas. Muy pocos parecen dispuestos a arriesgar algunos votos a cambio de un discurso de unidad que servirá para enmarcar. Hace tres años las alarmas llegaron con el humo de los campamentos gitanos en Italia, ahora es el polvo de las revueltas en el norte de África. Francia, Países Bajos, Dinamarca y la propia Italia ven crecer el discurso de la derecha y empujan con cuidado la puerta corrediza de las fronteras. Y en la izquierda los antiguos europeístas llevan mal las obligaciones económicas que se imponen desde Alemania, como un hermano mayor que poco a poco retira algunos derechos que se creían inherentes al carácter nacional de griegos o portugueses. El sueño europeo ha envejecido más rápidamente de lo que se creía.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Pascual Gaviria