Por: José Fernando Isaza

Evaluación

Puntos de desacuerdo entre el Ministerio de Educación y Fecode, en el actual paro de profesores, son el modelo de evaluación profesoral propuesto por el Gobierno y el tiempo de cierre de la brecha salarial.

El salario de los maestros es inferior al de los trabajadores del sector oficial. Se estima en más del 10% esta diferencia. Fecode exige una nivelación salarial en el corto plazo. Ante las casi permanentes dificultades fiscales, la ministra ha ofrecido llevar al Congreso un proyecto de reforma constitucional para asegurar los recursos de forma permanente.

Es interesante hacer algunas anotaciones sobre el costo de incrementar el 10% los salarios. La nómina actual es cercana a los $10 billones. El ministro de Hacienda afirma que el presupuesto no contempla partida para el aumento. El país va a tener que aceptar que el problema fiscal no es sólo de recursos, sino también de reorientación del gasto público y de los subsidios estatales. La cifra del billón de pesos es similar al subsidio que reciben los productores de etanol y biodiésel, gracias a la generosidad estatal que obliga a comprar este producto a un precio superior al del combustible tradicional. El billón de pesos de este subsidio lo reciben unas pocas familias empresariales. Por su parte, los maestros oficiales son 320.000 y atienden a ocho millones de niños y adolescentes.

La generosa mano del expresidente Uribe redujo los impuestos a las grandes empresas y adicionalmente les permitió blindarse contra futuros incrementos. Un ejemplo: a las zonas francas uniempresariales (ZFU) les disminuyó del 33% al 13% la tasa de renta, para proyectos que previsiblemente se iban a ejecutar de todas formas. El subsidio que, por ejemplo, recibió una sola empresa, Bavaria, se acerca a los $200.000 millones anuales, una quinta parte de los recursos requeridos para la nivelación salarial. Es bueno recordar que, aunque no haya relación de causalidad, Bavaria les vendió a los emprendedores hijos del ejecutivo, a buen precio (en palabras de ellos), las tierras de Mosquera que se convirtieron en zona franca y le otorgó un importante contrato a su naciente firma ecológica.

La evaluación profesoral es un tema candente. El Gobierno, con razones de peso, considera que es una herramienta necesaria para aumentar la calidad de la educación. La política de la ministra en el sentido de dar incentivos salariales a todo el personal docente y administrativo de un colegio que muestre evolución positiva en sus indicadores de calidad va en la dirección correcta. Podría pensarse que no es necesaria la evaluación individual. Si un colegio mejora los indicadores de calidad es el resultado de todo el equipo docente y administrativo, independientemente de la evaluación individual de cada maestro.

Si un colegio no logra incrementos en calidad, pone de manifiesto deficiencias docentes o administrativas. Los mismos colegas se pueden convertir en factores de estímulo para obtener mejoras en los docentes, que son un obstáculo para el avance colectivo. Sin recurrir a la evaluación de un tercero.

Un veterano sindicalista, al oponerse a los ascensos por mérito, decía: nuestra labor es promover y defender a los regulares o malos trabajadores. Los buenos no lo requieren; la empresa o la institución los defiende. Dura, discutible, políticamente incorrecta, pero explicativa de la negativa sindical a la evaluación individual.

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