Por: Armando Montenegro

Evaluación de los maestros

Después de que se acepta que el desempeño de los maestros constituye un elemento fundamental en la calidad de la educación, la pregunta relevante es qué se necesita para que los docentes estén bien formados, motivados y produzcan los mejores resultados.

La respuesta incluye, entre otros factores, elevar la calidad de las facultades de pedagogía, las reglas de selección, promoción, apoyo y remuneración de los docentes, así como la organización y gobierno de las escuelas.

Uno de los elementos más discutidos sobre la calidad de los docentes es la evaluación de su rendimiento y el diseño de incentivos económicos que premien el buen desempeño y, eventualmente, castiguen los malos resultados. En forma complementaria, la evaluación permite la articulación de planes de apoyo y desarrollo profesional para optimizar el desempeño de los maestros.

El análisis de las mejores prácticas internacionales de los sistemas de evaluación indica que éstos deben contener, por lo menos, tres elementos: evaluaciones del trabajo de los docentes en las aulas (realizadas por otros maestros), encuestas a los alumnos y mediciones del aumento del aprendizaje de los estudiantes.

Se acaba de publicar un estudio sobre una de las reformas educativas más ambiciosas y controvertidas de Estados Unidos: el sistema de incentivos del Impact, implantado en el Distrito de Columbia por la conocida líder Michelle Rhee (Dee y Wyckoff, www.nber.org/papers/w19529).

Impact puso en marcha un completo esquema de medición, evaluación, apoyo y estímulo a los maestros de la ciudad de Washington. Estableció atractivos bonos económicos para los maestros con altos rendimientos, un sistema de apoyo para el mejoramiento de aquellos con resultados insatisfactorios y castigo con la pérdida del empleo a quienes, a pesar de los incentivos y los apoyos, mantienen un mal desempeño. El estudio muestra que el sistema aumentó significativamente el rendimiento de los maestros e incrementó el retiro voluntario de los docentes menos aventajados. La conclusión general es que el esquema diseñado por Rhee funcionó bien y debe ser un punto de referencia obligado para el estudio de las reformas educativas.

Como casi todos los temas modernos de la educación, este es un asunto en el que prácticamente todo está por hacer en Colombia. A pesar de que el nuevo estatuto docente, decreto 1277 de 2002, estableció las evaluaciones de los docentes por parte de los rectores, este mecanismo se ha utilizado poco y en forma rudimentaria.

La buena noticia es que la Fundación Compartir acaba de lanzar una ambiciosa propuesta de reforma a la calidad de la educación en Colombia centrada en los maestros, elaborada por un destacado grupo de economistas. Allí se incluye un esquema completo para la evaluación de los maestros que contiene los elementos claves recomendados por los especialistas internacionales: evaluación en el aula de clase, por parte de un experto externo; el rediseño del actual sistema de evaluación en manos del rector, y encuestas de percepción de los estudiantes. La propuesta se complementa con un mecanismo de monitoreo a la asistencia y la puntualidad de los docentes, un problema sentido en las escuelas del país.

Esta excelente propuesta de la Fundación Compartir y otras iniciativas recientes deberían ser la base de la inaplazable reforma educativa del país.

 

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