Por: Melba Escobar

Evidencia científica

Eran turistas los 170 viajeros. Estaban de paseo en ese pueblo pintoresco y querido donde buena parte de los colombianos hemos pasado aunque sea una tarde. Nueve muertos y dos desaparecidos por cuenta de un barco que naufragó en el embalse. No llevaban chalecos salvavidas. Muchos de los barcos (casi todos) están hechos de manera artesanal, en talleres empíricos, en una población que vive del turismo. Qué tragedia para las familias, momentos antes tan felices de estar en un barco un domingo, y qué infortunio para los lancheros, para Asobarcos, para todos los pobladores, artesanos, comerciantes de un municipio que vive de sus visitantes. La historia es desoladoramente triste. Contrasta el ambiente festivo del pueblo multicolor con el naufragio. Y saber que se podía haber evitado.

Tragedias similares no faltan en nuestro país. De esas donde está uno absorto en la noticia de un acontecimiento ocasionado principalmente por la estupidez, el descuido, la desidia o la falta de previsión frente a la evidencia, que acaso son la misma cosa.

En enero pasado cayó un puente colgante en el Meta dejando siete muertos (entre ellos tres niños) y 13 heridos. Entonces lo dijeron los pobladores, la caída era una tragedia anunciada. Que en un fin de semana 13.000 turistas atravesaran un colgadero sostenido apenas por tablas y cuerdas podridas era una proeza milagrosa. Y no faltaba quienes repetían: se va a caer, el puente se va a caer. Hasta que se cayó.

Y qué decir de Mocoa, 130 muertos en una tragedia natural prevista. O la caída del edificio Space de El Poblado en Medellín, 12 muertos. Y hace tres años, en Fundación, Magdalena, cuando el incendio de una buseta cobró la vida de 33 niños y un adulto. Los pasajeros venían de un culto religioso de la Iglesia pentecostal. Pero el punto es que el bus no contaba con SOAT, ni revisión técnico-mecánica.

¿Qué nos lleva a desafiar la evidencia sistemáticamente? ¿Creemos que las pruebas son una creencia más? El método científico no es un acto de fe y no da lugar a segundas interpretaciones. Entre más capaces seamos de entenderlo y asumirlo racionalmente, más preparados estaremos para afrontar la realidad y evitar nuevas catástrofes.

No sé cuántas veces he escuchado a alguien decir “con la ayuda de Dios”, aun ante las acciones más irresponsables y temerarias. Dejar todo en manos de Dios, el destino o la suerte, es equivalente a equiparar la fe a la evidencia. Es también una manera de evadir la responsabilidad de nuestros actos.

Sin duda, cada quien tiene derecho a sus propias opiniones. Lo que no ocurre es que haya hechos a la medida de las opiniones de cada quien. A los hechos hay que creerles, pues son evidencia de un sistema, de un proceso, de una realidad incuestionable.

Así como un bus en mal estado, sin los controles mecánicos, bien puede arder en llamas, (en especial si lo intentan prender echándole gasolina con pasajeros dentro); así como una embarcación mal construida, o en malas condiciones, puede naufragar, así mismo la entrega de las armas por parte de las Farc es prueba inefable de su voluntad de paz. Se llama evidencia científica y no da lugar a opiniones personales.

@melbaes

 

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