Por: Hernán González Rodríguez

Exigencias de las Farc

Los representantes de las Farc en La Habana le plantean al Gobierno exigencias cada semana más imposibles de conceder.

El pasado martes 19 de febrero reiteraron como por cuarta vez su disposición para acordar un cese bilateral del fuego con el Gobierno. Le adicionaron en esta ocasión a su tregua bilateral una veeduría internacional.

Porque, según ellos, “a través de bombardeos, no se someterán las Farc en una mesa de negociaciones… Para nosotros un alto el fuego implica un esfuerzo demasiado grande, pero sabemos que es un paso importante para demostrar la voluntad de paz de cada una de las partes”, concluyen.

El jefe de las negociaciones en La Habana, señor Humberto de la Calle, les respondió acertadamente diciendo: “aún a sabiendas de las dificultades, queremos recordar que si no se les acepta un cese el fuego, es porque esto se hace precisamente en beneficio de una consecución rápida de la paz”.

Estimo que los esfuerzos exigidos a los colombianos para conceder dicha tregua serían aún mayores que los de las Farc. A nadie se le escapa la imposibilidad de supervisar el cumplimiento de una tregua del grupo terrorista. Todos sospechamos que negarán sus nuevos delitos, los disculparán y los atribuirán a otros grupos de narcoguerrilla o de delincuencia. El grupo de La Habana no representa todos los grupos violentos que actúan en el país.

A las Fuerzas Militares se les puede acuartelar y supervigilar. Pero atarles las manos nos acarrearía dos graves consecuencias. Primera, dejaríamos a la sociedad civil en manos de las Farc o de los demás grupos subversivos, o narcotraficantes. Segunda, le abriríamos la puerta a las Farc para que gocen de un estado de beligerancia solapado que no se merecen y sobre el cual vienen insistiendo hace años.

Entiendo que en términos del derecho internacional, el estado de beligerancia es una figura que le permite a una facción armada y no gubernamental, que cumpla determinadas condiciones de mando, estructura, control territorial y respeto a las normas mínimas de la guerra, obtener apoyo y reconocimiento externo. Esto le confiere derecho para nombrar diplomáticos, recibir financiamiento…

Como es bien sabido, en la guerra de las Farc no hay normas mínimas: reclutan niños, secuestran, torturan, desplazan campesinos, emplean armas inadmisibles en las guerras como las minas antipersonal o los cilindros de gas… Y su próximo paso consistiría en desmembrar a Colombia para crear la república de Caquetania, viejo anhelo de las Farc.

Las arrogantes declaraciones de Iván Márquez ensombrecen aún más los diálogos de La Habana a pesar de que el señor De la Calle no lo reconoce así. “Sin constituyente ni cese el fuego bilateral, afirma Márquez, los diálogos de paz no tienen futuro”. “Las Farc no firmarán acuerdos de paz mientras persistan en Colombia los causas objetivas de la miseria”. ¿Exigencias imposibles? ¿Paz incierta?

 

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