Por: Beatriz Vanegas Athías

Exigencias del empleador

Así es. Los empleadores, exigiendo eficiencia a sus empleados. ¿Qué es ese absurdo de darles empleo para que después lleven a la quiebra la empresa? En esos términos neoliberales y empresariales es posible leer también lo que ocurre en Ecuador. No, señor, basta ya de desfalcar al país para subemplearse a otro que se cree el dueño (Fondo Monetario Internacional).

El escritor argentino Ernesto Sábato señaló que un escritor nacido en Francia encuentra su patria ya hecha. El latinoamericano tiene que hacerla a la par que escribe.

No sólo la escritora o el escritor latinoamericano tienen que hacer esa construcción llamada patria, todos los ciudadanos de Colombia o de Ecuador, por mencionar la urgencia, tratamos de fundarla mientras vivimos o sobrevivimos en un continente que todos quieren poseer. Y ello fue lo acaecido en Quito con la derogación del Decreto Ejecutivo 883. Un hecho aleccionador y de gran clarividencia de principios, en un mundo llevado por las mentiras y los engaños de un capitalismo que se niega a humanizarse y a reconocer que ha fracasado. Ahí está el fatídico y pasado siglo XX para corroborarlo.

La justa exigencia de los ecuatorianos que el domingo 13 de octubre salió victoriosa es una fuerza viva para la construcción de una Latinoamérica autónoma y dueña de su destino. Fue esta digna exigencia un tatequieto al administrador de una de las casas que conforman esta América del Sur que quiere definirse soberana y dueña de su propio caos. Para eso el pueblo (que sí existe) escoge un administrador que le sirva, no para que olvide quién es y se transmute en un vasallo. Elocuente y cierta fue la voz de una líder que se enfrentó con la palabra razonada a los soldados enviados por Lenín Moreno a ofrecer represión y muerte en lugar de diálogo y soluciones, cito y pienso en el degradado y atemporal Esmad: “Hacen lo que quieren con ustedes. Los convierten en asesinos, en gente sin corazón, sin cerebro. Nosotros somos hermanos. Todos queremos una mejor vida para nuestros hijos. Ustedes son padres, quieren una vida mejor para sus hijos: luchen donde está el problema; el problema no está aquí, el problema está allá arriba. Y la Ley de Seguridad Interior no es solución a este problema. La solución está allá arriba y en eliminar a los gobiernos corruptos que son ellos. Ustedes mantienen a los gobiernos con el trabajo que ustedes hacen. No están con sus familias, ellas están lejos. No viven con sus familias, no ven crecer a sus hijos. ¿Todo por qué? Por las migajas que el gobierno les tira. Voltea a tu alrededor, es tan hermosa nuestra tierra y el gobierno está a punto de entregarla al extranjero. ¿Y tú que vas a ser?        Un futuro esclavo, tu hijo va a ser un futuro esclavo, si sigues creyendo en las mentiras del gobierno. Ustedes trabajan porque tienen familia, eso lo entendemos. Pero lo que no podemos entender es por qué muerden la mano de quien les da de comer: porque el pueblo los paga, es quien mantiene a sus familias. No el gobierno, el gobierno les da órdenes para matar, para masacrar”.

Y hoy, al cierre de esta columna, luego del anuncio de la derogación del Decreto 883 por parte de la Organización de Naciones Unidas, el pueblo (sí, el pueblo ecuatoriano) sigue vigilante y expectante para que no aparezcan el engaño y la dilación del gobierno de Lenín Moreno que, respaldado por el servilismo de la mal llamada gran prensa, persiste en su papel de personaje pusilánime y arrodillado.

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