Por: Julio Carrizosa Umaña

La expansión de Bogotá, las guerras y la paz (I)

Constantemente, Bogotá huye de sí misma, y en esa fuga gigantesca destruye la Sabana.

Ha sido así como los que han huido de las guerras, los que han tratado de evitarlas y también los que se han lucrado con ellas son los que han construido esta ciudad. Desplazados, alcaldes progresistas y proveedores de armas aparecen periódicamente en la historia bogotana, sufriendo, soñando y enriqueciéndose.

En la discusión actual acerca de la pretendida urbanización de la Reserva Van der Hammen afloran ejemplos de estas interrelaciones. Cuando se inició la guerra actual, en 1947, los límites de la ciudad de los más ricos apenas llegaban a la calle 88 y los pobres se acumulaban desde la calle 26 hasta la 30 Sur. La ciudad entera era un largo y delgado rectángulo de un poco más de 9.000 hectáreas, con una población de menos de 600.000 habitantes. En ese entonces la sabana de Bogotá producía, en casi 130.000 hectáreas planas, además de tubérculos, hortalizas y carnes, un gran porcentaje del trigo y la cebada que se consumían en todo el país, y ya se iniciaban allí las empresas que hoy generan leches y quesos para la República. Casi todos los predios de la reserva tienen tradiciones agropecuarias que llegan a esa época. En los últimos meses de 1947 empezaron a llegar los refugiados de Boyacá y Santander, que se asentaron en el occidente y el sur. Desde entonces la ciudad huye de la pobreza, la inseguridad y la desvalorización avanzando hacia el norte. Ha destruido más de 20.000 hectáreas de la Sabana y los dirigentes distritales tratan ahora de eliminar los límites impuestos por la reserva en el año 2000.

La tradición agropecuaria de la reserva va hasta más allá de la Conquista. Cuando llegaron los tres ejércitos europeos y derrotaron a los muiscas, éstos ya cultivaban tubérculos y probablemente criaban peces en lo que hoy es la reserva, como lo ha demostrado una tesis reciente. Todavía hoy, algunos propietarios en la reserva producen alimentos y divisas a pesar de que constantemente los tientan con sueños urbanos y de que algunos odian a los ambientalistas por haberles impedido urbanizar sus predios. Bogotá ha interrumpido durante quince años su huida de sí misma en los límites de esa reserva prodigiosa debido a que un sabio holandés logró demostrar que allí existe una estructura ecológica que favorece la biodiversidad y hace posible la producción competitiva y limpia de alimentos. Esos son activos para la paz.

 

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