Por: Columna del lector

Experiencias y erotismo desde la era digital

Por Gloria Isabel Gómez

El erotismo ha perdido ímpetu en la era digital. Lo que el escritor Emmanuel Dongala dijo alguna vez: “El erotismo es cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo”, se ha perdido por la mediación con una pantalla, que impide el detenimiento y hace de las experiencias con las fotografías y las imágenes un mero acto de scroll o de zapping con los dedos, aislando a las personas de las sensaciones.

En muchos casos, una de las manifestaciones más importantes del erotismo, el desnudo, pierde su potencial evocador por su contenido explícito, que resta la capacidad de imaginación y misterio que una buena imagen guarda en sí misma.

Además, se reemplazaron las caricias y los halagos, validando el cuerpo y las experiencias a través de likes o un “me gusta” con forma de corazón que lejos de fortalecer la autoestima de los usuarios, los oprime, los convierte en personajes y les resta privacidad porque la intimidad no existe si es pública(da).

Las ideas sobre la belleza están cada vez más distorsionadas, afectando los hábitos y el autoconcepto de adolescentes y jóvenes, fruto de una sociedad que prefiere mostrar a vivir y ver a estar, generando muchos archivos pero pocos contenidos.

Hay quienes invierten su dinero en un espectáculo, algunas veces, desplazándose de una ciudad a otra para disfrutarlo. Cuando comienza el show, lo ven a través de sus celulares, grabando imágenes que, si quisieran, podrían encontrar en internet y con mejor calidad. También hay quienes viajan, y a pesar de que su premisa es desconectarse de la rutina, lo primero que hacen al llegar a su hospedaje es pedir la contraseña del wifi. Eligen ver los paisajes a través de una pantalla, agachando la cabeza para “compartir”, llenándose de fotos, algunas de las cuales no volverán a ver, acumulando sin sentido. Estas actitudes subestiman la memoria humana: Son un mero registro de eventos pero no son un vehículo emotivo de las experiencias que vivimos.

Las personas prefieren esta nueva noción del compartir en vez de hacerlo en el sentido tradicional, de manera que todo el potencial y el erotismo de compartir una mirada o una conversación con alguien se pierde entre aplicaciones y chats. La información que consumimos cada vez implica menos a nuestros sentidos. La percepción con el tacto, el olfato, el gusto y la vista se ha visto desestimada, lo que por supuesto también ha afectado nuestra capacidad para amar apasionadamente al otro, y disfrutar a plenitud las experiencias de la vida.

Volviendo a la reflexión inicial, hay un esfuerzo que vale la pena destacar. Se llama “Free the Nipple”, una campaña que pretende eliminar la tendencia a sexualizar el torso femenino. Y aunque muchas personas lo relacionan con una premisa vanidosa no se trata llanamente de mostrar los senos en redes sociales, es una lucha por descriminalizar el desnudo femenino, eliminando la doble moral frente a la sexualidad de hombres y mujeres que ha impuesto prohibiciones para amamantar en sitios públicos y amenazas, como en el caso de las bañistas argentinas expulsadas de una playa de Necochea por la policía.

Si la campaña cumple su cometido, permitirá ver contenidos de interés público actualmente censurados en Facebook e Instagram, como videos del autoexamen de mama o la reciente protesta de mujeres venezolanas que el 6 de mayo salieron a las calles con sus senos descubiertos. Aquí el erotismo es una postura política de expresión del cuerpo y su libertad, del ser, la voz y la personalidad.

@elcinesana

 

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