Por: Juan David Correa Ulloa

Expiación

Desde 2012 en varias ferias del libro y entre agentes y scouts literarios se hablaba con insistencia de Contarlo todo, primera novela del peruano Jeremías Gamboa, que aún sin haber sido publicada prometía ser una de las novedades más potentes del año 2013.

La historia del manuscrito era que había llegado a la agencia de Carmen Balcells, y tras su lectura causó tan buena impresión que pronto se convirtió en un rumor que este noviembre y diciembre le dieron un impulso sin antecedentes recientes al tratarse de una primera novela. Y la apuesta, sólo en parte, es ambiciosa: Gamboa publicó Contarlo todo, una novela de quinientas páginas, como el trabajo de su vida, aquél en el que había gastado al menos cinco años, entre desiertos creativos y una lucha sostenida por conquistar la vocación de escritor. El resultado es interesante para una primera novela porque se lanza a contar, con todo lo que ello implica, las peripecias de Gabriel Lisboa, un muchacho popular que gracias al esfuerzo y la dedicación logra entrar a la Universidad de Lima a estudiar comunicaciones, becado por completo, y consigue convertirse, a los veinticinco años, en el editor general de la revista Semana.

El ascenso de este muchacho, en el contexto de la Lima de los años noventa ––aunque nos adeuda la tensión política del fujimorismo––, sumado a su deambular por la amistad con tres amigos, la relación con sus tíos, la otra ciudad que aparece rota y contrahecha, lejos de San Isidro y de Miraflores, el amor, el periodismo y, por supuesto, las ganas incontenibles de aprender a ser escritor son las cotas por las cuales avanza un relato sin ironía, a veces demasiado literal y plano, pero que tiene el valor de construir una voz personal; la voz de un muchacho que se enfrenta al arribismo, a las diferencias sociales, que tiene suerte, pero que se resiste a que su vida sea terminar en una redacción con el sueño convertido en pesadilla de no poderse hacer escritor, y se aboca al abismo de renunciar a su trabajo para intentarlo.

Dividida en dos partes, Lisboa, el narrador de Contarlo todo, está todo el tiempo recordándonos que él está detrás de las palabras que vamos leyendo como si asistiéramos a una novela de —y en— formación, que cuenta su vida entre los veinte y los treinta años. Con páginas que recuerdan a Roberto Bolaño, y otras que suponen una influencia clara de Vargas Llosa ––aquí Conversación en La Catedral sería el trasunto natural–– y muchas otras en las que el autor tiene el valor de ser honesto hasta regodearse en cierta victimización repetitiva ––rayana en pasajes propios de la autoayuda––, lo meritorio es la capacidad y el empeño de contar lo que en apariencia es intrascendente para convertirlo en algo importante. Valioso porque, así sea su primera parte la típica novela del periodista que sale a buscar su destino y cuenta las peripecias de ese mundo de una manera algo cliché, en su segunda hay una reflexión constante sobre los retos que se enfrentan cuando se quiere escribir. En ese sentido, las decisiones morales, los devaneos existenciales, las intensidades románticas y los vínculos afectivos resultan conmovedores en dicho apartado, así uno sienta, al final de la aventura, que a veces es necesario contarlo todo, pero también editarlo todo.

Contarlo todo, Jeremías Gamboa, RHM-Mondadori.

 

Juan David Correa *

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2014-01-09T22:52:05-05:00

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