Exterminio de los awás

Volvimos esta semana a tener noticias de la comunidad indígena Awá de Nariño.

Lamentablemente, cada vez que en los medios se habla de este pueblo aborigen es para reseñar las masacres y atentados que los grupos alzados en armas perpetran contra ellos.

La actual ola de información al respecto parece un simple ‘Déjà vú’, otra vez se pone sobre la mesa el tema de la seguridad de estas comunidades que, como tantas otras, se han visto inmersas en un conflicto armado al que no pertenecen.

El Estado y los grupos armados se empeñan en hacerlos parte de la guerra, mientras ellos siguen pidiendo únicamente que se les respete su derecho a permanecer al margen de los enfrentamientos.

Se escuchan otra vez las voces de representantes del Gobierno asegurando que se aumentará la seguridad y se buscarán salidas a la dramática situación de los awás. Las mismas voces que se han dejado oír en el pasado cada vez que un indígena es asesinado. Sin embargo, la situación en nada parece cambiar.

¿Cuánto más tendrán que sufrir las comunidades indígenas para que de verdad se busque una salida? ¿Cuántos indígenas más deberán ser asesinados para que el Gobierno despierte y les resuelva su situación?

Es realmente triste ver cómo estos pueblos, que representan la cultura y tradición de quienes pisaron suelo colombiano antes que nosotros, están desapareciendo poco a poco.  Las cifras que presentan organizaciones indígenas como la ONIC acerca de asesinatos de líderes y miembros de pueblos aborígenes son realmente espeluznantes.  Las recomendaciones que hizo en 2004  el entonces relator de la ONU para Pueblos Indígeas, Rodolfo Stavenhagen,  con el fin de mejorar la  la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de dichos pueblos quedaron sólo en el papel, el mismo destino que probablemente  tendrán las anotaciones hechas por su sucesor el Dr. James Anaya, quien visitó el país  a finales del pasado mes de julio.

Y lo más grave de la ya compleja situación es la impunidad en la que quedan dichos crímenes, pues las investigaciones de las autoridades quedan siempre en una versión superficial que atribuye los hechos a grupos armados o personas desconocidas.

No es de extrañar que después de que pase el alboroto causado por la masacre de los últimos 12 awás, a las partes implicadas se les olvide sus promesas de mayor seguridad.  Las intenciones de buscar salidas quedarán congeladas hasta que otras muertes sean denunciadas. Entonces escucharemos otra vez las promesas de siempre y nos volverán a pintar pajaritos en el aire. Y mientras tanto, ¿los awás qué?

 Juan Guillermo Osorio. Santa Marta.

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