Por: Hernán Peláez Restrepo

Extraño

Después de conversar con Pedro Sarmiento sobre el plan de juego exhibido por el Santos ante el Cúcuta y de observar el primer partido de cuartos entre los brasileños del Sao Paulo y Fluminense, es evidente que algo “extraño” pasa en el fútbol de los pentacampeones.

Me explico. A Macnelly Torres, el cerebro y organizador, por no decir el pase-gol del Cúcuta, le aplicaron marca hombre a hombre, que estaba en desuso, Un tal Marquinho Guerreiro no lo dejó en paz. Para donde iba Macnelly, él corría. Y curiosamente, cuando se le escapaba el colombiano, otro brasileño auxiliaba en el plan. En Sao Paulo, un Fabio Santos se encargó de opacar a Thiago Neves, el llamado a organizar el juego del Fluminense. También quitando espacio, anticipando y sorprendiendo.

¿Por qué uno siempre tiene al futbolista brasileño, primero como artista del balón y después como obediente jugador? Extraño, digo, porque pasaron las épocas en las que un desconocido, Emilio Melón, anuló una vez en El Campín a Pelé. Aunque el rey siguió jugando fútbol, Melón desapareció.

D’ Stéfano, en sus momentos brillantes en Europa y con el Madrid, enseñó una lección. Cuando algún rival se pegaba a su cuerpo, él buscaba algún sector en el que pudiera acercarse a otro rival, y así sustraía dos jugadores del contrario, aunque no tocara la pelota.

Hoy quien haga ese papel debe ser un superatleta, un futbolista con una preparación física exuberante. Por eso me parece extraño que los equipos en Brasil dejen de lado la vergüenza y, a la hora de jugar, marquen como lo hicieron a Macnelly o a Neves o a quien sea...

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