Por: Francisco Leal Buitrago

In extremis

La complejidad de la situación política del país obedece en parte a fenómenos mundiales que afectan el modelo de democracia, como las contradicciones simultáneas entre avances y retrocesos en la actual globalización. Así, mientras se multiplican las intercomunicaciones, resurgen nacionalismos y populismos –p. ej. el brexit y Trump–, se suman factores nacionales –viejos y nuevos–, que han llevado a una coyuntura sin antecedentes.

Hechos como las decenas de aspirantes a la Presidencia –la mayoría inscritos por firmas sin control financiero–, partidos enclenques al vaivén de ideologías ambiguas, un Gobierno sin facilidad de comunicación e incapaz de hacer cumplir buena parte de lo acordado con las Farc (aunque ellas han contribuido con errores) y un Congreso movido por intereses electoreros inmediatos son factores destacados superpuestos en breve tiempo.

A la parsimonia propiciada del Congreso para discutir lo dispuesto mediante fast track se sumaron la aprobación de un acto inconstitucional (impedimento a expertos en derechos humanos para intervenir como magistrados en la Jurisdicción especial para la Paz), engendros que desfiguraron el proyecto de reforma política al punto que se optó por retirarlo y la negativa a las circunscripciones especiales de paz para víctimas (está pendiente un recurso del Gobierno para revivirlas). Y, por si fuera poco, la Corte Constitucional mostró su capacidad de equilibrista al aprobar la JEP, pero excluyendo la obligación de terceros involucrados en el conflicto armado de comparecer ante el Tribunal de Paz, dejándolo voluntario e induciendo impunidad.

Estos y otros hechos se inscriben en un ambiente surgido en los últimos años, que involucra actores políticos que con artimañas y mentiras han embaucado sectores sociales, buscando polarizar opiniones en contra del llamado proceso de paz. Afirman que éste es el camino para establecer el “castrochavismo” y descalifican instituciones creadas en el proceso, como la Comisión de la Verdad. Con ello, crean ambientes adversos como incrementar la desconfianza en la política y la abstención electoral, y los vaivenes del voto de opinión por la fragilidad ideológica de ciudadanos que viven en medio de redes virtuales de comunicación. La corrupción pública, que ha alcanzado hasta las altas cortes, da fe de lo descompuesta que está la situación.

Las ambigüedades que se han derivado en el proceso electoral que está en marcha requieren estrategias políticas de coaliciones y campañas inéditas frente a la opinión pública, para siquiera mantener lo que resta de democracia en el país.

Con el proceso hacia las elecciones, los sectores sociales interesados en que se acaben el conflicto armado y las bandas criminales, y que las instituciones legítimas ocupen las regiones abandonadas por el Estado, pueden diseñar estrategias para confrontar a los dirigentes políticos y empresarios beneficiados con las violencias y también a políticos que desde hace poco muestran interés en que el país continúe a la deriva para sacar réditos electorales.

El candidato De la Calle y la coalición Robledo, López y Fajardo son la base para buscar un candidato que induzca otros sectores para que lo apoyen con el fin de unificar fuerzas. Doblegar egos en pro de una nación en paz y someterse a competencias con reglas establecidas de común acuerdo no es una tarea impensable. Hay muchos aspirantes abiertos a propuestas democráticas que pueden coaligarse para llegar con un solo candidato a la primera vuelta electoral.

También es necesaria la convergencia de redes de apoyo de los precandidatos que se unan, para que con ayuda de técnicos en comunicación limpien esas redes y eviten interferencias y penetración de seguidores y grupos falsos. La jefatura de una campaña unificada con un líder político nacional reconocido por su capacidad y honestidad es un requisito para evitar fracturas y proyectar la unificación de fuerzas. Así mismo, una dirección de comunicaciones con amplios conocimientos técnicos es factor substancial para sacar provecho de tecnologías de punta, articular redes (Facebook, Twitter, WhatsApp, LinkedIn…), reducir su competencia y potenciar su proyección a la sociedad. Su objetivo central sería estimular a votantes indecisos, reducir la abstención, destapar engaños y mentiras, exhibir a quienes se han beneficiado de las violencias y ante todo señalar los beneficios de la paz.

Queda pendiente, por supuesto, plantear en este espacio programas y reformas viables y necesarios para darle cuerpo a un triunfo electoral que proyecte al país hacia una verdadera democracia.

* Miembro de La Paz Querida.

 

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