Por: Paloma Valencia Laserna

¿Extremista?

La periodista Cecilia Orozco se queja de que llamen "aliados del terrorismo a cualquier opositor por respetable que este sea"; pero ella –ciega en sus propias razones- nombra derecha extremista al movimiento que preside el expresidente Uribe.

Se parece mucho a lo que hace el presidente Santos cuando se refiere a la oposición como “mano negra”, o la califica de “idiotas útiles” o avienta que Uribe ayuda al terrorismo. No tengo el recuerdo de que Uribe haya alguna vez descalificado la oposición lanzándole nombres para estigmatizarla, así que no voy a entrar en el debate sobre si Uribe o alguno de los miembros de su movimiento ha etiquetado con rótulos de “guerrilleros” a los militantes de las ideas de izquierda; basta decir que si hubiera sucedido sería igualmente reprochable.

Los debates políticos en Colombia han venido sufriendo un deterioro muy grande, habilidosamente se cataloga a los interlocutores y se les descalifica sin argumentos. Se recurre a apelativos cuya sola expresión genera malestar en los lectores y oyentes; y como nos hemos convertido en una sociedad poco reflexiva, sin entusiasmo por el intercambio de ideas, esos oyentes, lectores o espectadores optan por aprenderse el apelativo y dejar por fuera las ideas.

Los periodistas de opinión tienen carga política, es inevitable; hace parte de su función. Los periodistas de opinión son agentes políticos: están siempre expresando sus ideas, donde es natural que se incluya su ideología, sus propósitos, sus deseos para el país. Con ello promueven o critican los políticos activos y crean en el público impresiones sobre lo que debe ser. La ética de periodista exige que haya claridad en torno a qué y porqué se piensa de una manera; demanda que se haga explícita la agenda política para que quien lee o escucha comprenda desde donde se le está hablando; cuales son los prejuicios y los intereses de quien escribe. Una cosa es denunciar; construir con las palabras argumentos para demostrar algo, presentar conclusiones a partir de hechos probados; y otra, bien distinta, es rotular, esconder entre las palabras sospechas y prejuicios; manipular el lenguaje para sugerir sin decir o decir con el descaro de saber que puede no ser cierto.

La periodista tacha al uribismo de movimiento de derecha extremista; este último adjetivo es terrible porque supone irracionalidad, brutalidad y violencia. Lo que es curioso es que en el mismo texto, ella se queja de la gravedad de estigmatizar la oposición como “guerrillera” y no se da cuenta que hace exactamente lo mismo.

El uribismo es un movimiento esencialmente democrático. Siempre ha utilizado los mecanismos legales para acceder al poder; nunca ha desconocido el valor de las instituciones. La oposición floreció bajo los mandatos de Uribe como nunca lo había hecho; sus gobiernos se caracterizaron por debates serios, por encima de la mesa, y muchas críticas de la oposición sirvieron para mejorar ideas y proyectos. Se pretende vender la idea de que durante ese gobierno casi desaparece la oposición; eso no es cierto, basta compararla con la que sobrevive en el gobierno Santos, caracterizado por el unanimismo total. Se dice que el uribismo es el sinónimo de la guerra y basta preguntar ¿bajo qué otro gobierno hubo un proceso de reinserción tan grande como el que vivió Colombia en esos años?

Es natural y hace parte de la democracia que la periodista no comparta las ideas del Puro Centro Democrático; pero no es admisible que pretenda dibujarlo como un movimiento extremista que incluso que amenaza la democracia. ¿Acaso no fue elegido por el voto popular Uribe? ¿Acaso no es legitima la oposición que no es de izquierda? Me sorprendió que una periodista como Cecilia Orozco caiga en la ligereza de rotular y casi presionar a su entrevistado de converger en sus apreciaciones; es una entrevista lamentable que habla muy mal de ella misma.

Invito a los periodistas al igual que a todos los comentaristas de los foros a elevar el debate democrático. Hagamos discusiones con argumentos, con ideas, con reflexiones; y no con rótulos y seudo-calumnias. Esta última técnica es deplorable; elimina el examen e irrespeta a los contendores.

@PalomaValenciaL 

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