Fácil entrar, difícil salir

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Poner a la gente en cuarentena no requiere mucha planeación; sacarla del confinamiento sí.

Lo primero se hizo a través de una medida general –muy parecida a un toque de queda–. Para ser llevada a cabo se necesitó relativamente poco: un tipo de Estado con fuertes capacidades policiales, que puede bloquear accesos y salidas y que puede restringir la movilidad de las personas. No somos China, pero el Estado para que la gente se quede en sus casas por pocas semanas… lo tenemos. Al menos al comienzo, la medida de cuarentena queda respaldada por el miedo de la gente, algo de miopía sobre la duración del confinamiento y también cierto encanto por la novedad del encierro colectivo –para algunos–.

En esa primera fase, los gobernantes se ven audaces, decididos. No les tiembla la mano. La popularidad de todos escala.

En cambio, salir de la cuarentena, en especial cuando hay que hacerlo pronto –quizás a destiempo, porque no tenemos el Estado de bienestar para apoyar de manera asertiva a los más vulnerables– requiere planeación en muchos frentes simultáneos: reactivación productiva, movilidad, servicios escolares y de salud, y serias medidas de promoción y verificación de bioseguridad.

Del tipo de Estado necesario para la salida tenemos mucho menos. Vemos entonces a los gobernantes del timbo al tambo, endosando responsabilidades (el culpable es él, la culpable es ella), y recurriendo a su artillería básica: la proliferación de decretos. Estos documentos, para parecer técnicos, se disfrazan de un aire microgerencial: dicen qué grupo poblacional puede salir, a qué hora y cuántas veces por semana. Un saludo a la bandera, como se dice por ahí.

La verdad es que la implementación de tantos detalles es inviable. Resultado: cientos de decretos, resoluciones y recomendaciones –algunos dejando sin efecto los anteriores–, desorden, incertidumbre, inefectividad y colapso del frágil sistema de salud. Por cuenta de las debilidades estatales generales, la pandemia queda en manos de los médicos y demás personal de la salud.

Al menos en Bogotá, según lo manifestó la alcaldesa Claudia López, podemos estar en camino de un retroceso en la apertura y de un nuevo confinamiento estricto. ¿Qué dirán entonces quienes recomendaban una salida pronta para salvar la economía?

Fácil entrar, difícil salir. Lo único que ha definido la gradualidad de la salida hasta ahora es que hay gente informada, que entiende la gravedad del asunto de la pandemia, y que tiene los ingresos para quedarse en casa. Los demás, a la calle. ¿A eso le llaman salida inteligente?

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)

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