Por: Tulio Elí Chinchilla

Facundo, profeta cantor

"NO ESTÁS DEPRIMIDO, ESTÁS DIStraído, distraído de la vida que te puebla".

 

Un poco aedo, un poco rapsoda, un poco payador heredero de la copla pampera, Facundo Cabral fue ante todo cantador y recitador de sus versos llenos de mensaje vitalista sugerente, un predicador de profunda filosofía libertaria. Como los troveros antiguos, su arte era multifuncional: autor del poema, compositor de la música, arreglista, intérprete vocal y guitarrista acompañante de su voz, todo ello al mismo tiempo (dotes hoy dispersadas y especializadas).

La milonga No soy de aquí ni soy de allá expresa el desacomodo con los estilos dominantes de vida, la desazón del nómade cosmopolita que se resiste al reparto de la humanidad en patrias, religiones y otros credos. Facundo era el profeta anunciador de la vieja y siempre renovada utopía del anarquismo espiritualista: una sociedad de sujetos morales inspirados por sentimientos bondadosos y no arreados (como semovientes legales) por maquinarias coercitivas productoras de sufrimiento. Sus canciones soñaban liberar al corazón humano de impulsos esclavizadores tales como el deseo posesivo, la soberbia y la crueldad. Creía en la eficacia del espíritu.

Sin púlpito, Cabral divulgó una versión actualizada de cristianismo, basada en el desapego por lo fatuo, en la fraternidad y solidaridad (ajenas al odio social) y en la diferencia entre valor y precio. Había cantado “Pobre de mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. En su rescate de las enseñanzas prístinas de Jesús (anteriores a que Roma colonizara el cristianismo y lo convirtiera en instrumento de poder), postuló a la Madre Teresa de Calcuta como el paradigma del ser humano (al tiempo que rebajaba a Hitler —“un individuo sin talento ni valor”— a la peor versión de la humanidad).

Sus poemas rezuman pensamiento vital (no recetas de autoayuda), salpicado de humor y fina ironía: “Mi hermano fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad, así que decidió pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad”. O también: “Quien trabaja en lo que no le gusta es un desempleado más”. Burlándose de Reagan dijo: “Estados Unidos es el único lugar del mundo donde uno puede ser un mal actor y un mal presidente, todo a la vez”. Y a los gringos les espetó: “Allí los negros se hacen boxeadores para poder pegarles a los blancos ¡legalmente!”.

Como su intenso misticismo le impidiera resignarse al declarado ateísmo de su gran amigo Borges —a quien valoraba como “la encarnación de lo mejor de la humanidad”—, entonces intentó develar elementos teológicos escondidos en poemas tales como El primer y El otro poema de los dones, y Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona. Al efecto, le venían de perlas: “El divino laberinto de los efectos y las causas”, o “Alabada sea la infinita urdimbre de los efectos y las causas”.

Aún para quienes descreen del pacifismo espiritualista, la facundia de Cabral sienta una esperanza: “Que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias, que alimentan la vida”.

 

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