Fajardo, Petro y una derecha desgastada

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Hay carreras presidenciales que parecen competencias de 100 metros planos y otras parecen maratón. La de 2022 se ve como una de largo aliento, en la que Sergio Fajardo y Gustavo Petro son protagonistas ya. Quedan en el olvido algunos anuncios prematuros de no repetir candidatura presidencial. Ya ambos están dando zancadas y los dos escalan la intensidad de su contrapunteo.

De cierta forma, al seleccionarse mutuamente como contendores, los dos se benefician al tener el cubrimiento mediático y la atención pública, y crean una barrera que desgastará a otros competidores. Le va quedando difícil a la gente imaginar quién más podría completar una terna con un protagonismo parecido.

Fue Petro quien empezó a lanzar los dardos, y eso genera preguntas. ¿Será que piensa que le conviene más tener a Fajardo de rival en lugar de algún otro político con camiseta verde y amarilla? Si es así, puede llevarse una sorpresa. Fajardo es un candidato fuerte. Conserva su carisma y aprobación popular y no genera temores de cambios radicales en la economía.

Y en relación con la crítica de la tibieza, Fajardo tiene ahora mayor margen para armar una agenda programática más asertiva y más consistente que la de 2018. El contexto político y electoral ha cambiado rápidamente. Por cuenta de la desaprobación del gobierno del presidente Duque, Fajardo no se verá obligado a zigzaguear por el carril derecho y luego el izquierdo, enfrentando el riesgo de tropezar –como le tocó antes–. Podrá priorizar su avance en conquistar la izquierda. La desaprobación del gobierno (en cerca de 70 por ciento) está llevando al electorado antes persuadido por la derecha hacia el centro. La montaña vendrá a Mahoma.

La contienda se dará entonces en los terrenos de la izquierda, aunque la derecha intentará una y otra vez desmarcarse de la impopularidad del gobierno y convertir al presidente Duque en su fusible. No le será fácil. La gente se ve por fin cansada de las repetidas estratagemas del populismo de derecha.

Fajardo –o en general los verdes– puede ganar el pulso si le da solidez a su agenda económica. Será clave mantener los objetivos de mejorar la educación y la salud y de reducir la pobreza y la desigualdad. Tendrán, eso sí, que incluirse y comunicarse de manera precisa los instrumentos de política para lograr esos objetivos: una tributación más progresiva en el caso de las personas naturales y una política de desarrollo productivo con priorización de sectores económicos estratégicos. Y frente al tema de la paz y el desarrollo rural, no puede haber titubeos: ¡financiación y ejecución de los programas de desarrollo con enfoque territorial!

El desgaste de la derecha en el gobierno actual le conviene más al centro que a la izquierda tradicional. ¿Capitalizará Fajardo esa oportunidad con una agenda verdaderamente progresista?

Coletilla. El presidente Duque dijo que Fajardo “está en una campaña prematura” en respuesta al comentario de Fajardo sobre el gobierno nacional: “no está inspirando a nadie y está haciendo camino a la intrascendencia”. La campaña no es prematura. Ya arrancó. El gatillo de la pistola de partida lo apretó el presidente Duque con la desaprobación popular de su propio gobierno.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).

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