Por: Cartas de los lectores

La falacia de la abstención

En relación con la abstención electoral parece que hay unanimidad. Lo que resulta sospechoso. Unos y otros afirman que si se pudiera eliminar la elevada abstención electoral, por ejemplo obligando a votar, tendríamos resultados electorales diferentes. Cifras más cifras menos, argumentan que si en junio 15 votaran todos los abstencionistas, la puja de la segunda vuelta pasaría del cabeza a cabeza que ocurrió en mayo 25 a, digamos, un 50% a favor del candidato A versus un 30% a favor del candidato B. La posible falacia del argumento se desvela demostrando que ello sólo ocurriría si los abstencionistas poseyeran una verdad política que ignoramos los votantes. Pero eso es imposible. Los 32 millones de abstencionistas y votantes somos todos colombianos; poseemos en promedio la misma información y, por tanto, cultivamos casi los mismos patrones culturales. Por esta razón, si los 18 millones de abstencionistas decidieran votar lo harían, muy probablemente, siguiendo las mismas tendencias de los 14 millones de votantes. Estadísticamente el fenómeno podría explicarse diciendo que una muestra de 14 millones de votantes efectivos en primera vuelta posee las suficientes virtudes para garantizar que si votaran los 32 millones inscritos, los resultados finales fueran muy similares.

La única virtud del experimento consistiría en que los resultados tendrían diferentes márgenes de error. Con otras palabras, si Zuluaga y Santos fueron votados el 25 de mayo 29% y 25% respectivamente con un margen de error del, digamos 2%, si en junio 15 salieran a votar los 32 millones de electores, la diferencia en junio 15 se mantendría semejante alrededor del 4% entre uno y otro, sólo que con un margen de error cercano a cero (0%). Las últimas encuestas, con todo y sus diferencias, han corroborado estrictamente estas hipótesis.
Bernardo Congote. Bogotá.

Un pronóstico

Así veo la jornada del próximo domingo 15 de junio: la veo como un clásico Real Madrid-Barcelona.
Cualquiera puede ganar. La victoria de cualquiera será lógica, marcador estrecho, y seguramente habrá disturbios después del partido.
Conclusión: a hacer fuerza y a comernos las uñas como cualquier hincha para completar el panorama futbolero y convertir en drama lo que debía ser una fiesta.

Eduardo Aristizábal. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

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