Por: Eduardo Sarmiento

Falla la Reserva Federal

La caída de la economía de Estados Unidos ha venido replicándose con un retraso de menos de un año en Colombia. Se ha manifestado en las exportaciones y en las alteraciones de la bolsa.

Luego de la crisis de las hipotecas subprime, la Reserva Federal de Estados Unidos se empeño en una política de reducir la tasa de interés para aminorar la crisis financiera y revertir la desaceleración de la economía. Al cabo de diez meses no se ven resultados. La actividad productiva descendió, el desempleo se disparó y la crisis financiera se extiende a otras instituciones.

Hace diez meses, cuando Bernanke anunció la política de bajar las tasas de interés, manifesté serias dudas sobre su viabilidad. En un momento de altos precios de materias primas y alimentos, la política habría de manifestarse en una elevación de la inflación mundial, que en algún momento obligaría a revertirla.

 Así, la devaluación del dólar arrastró la cotización del petróleo y de las materias primas y la baja de la tasa de interés aumentó la liquidez mundial; en conjunto, presionaron la inflación mundial, que llega a Estados Unidos por la vía de los costos externos.

Como lo predijo Soros en el documento de Davos, esto lo sabían los inversionistas de Wall Street mejor que nadie. Tan pronto percibieran el menor síntoma de que la Reserva Federal cambiaría de política, procederían a abandonar los títulos de mayor riesgo. En efecto, la bolsa se derrumbo el viernes y la tasa de interés de los bonos del tesoro se colocó varios puntos por encima de la de corto plazo.

Hasta ahí llegó la eficacia de la política monetaria; la baja de la tasa de interés se volvió totalmente inoperante. En pocas horas, la prioridad dejo de ser el sector financiero y la reactivación de la producción, y pasó a ser la inflación.

De nuevo estamos ante al fracaso de la concepción de los bancos centrales. La política de bajar y subir la tasa de interés ha sido un total fiasco. La elevación de la tasa de interés que se inició en Estados Unidos en 2005 ocasionó la crisis financiera y precipitó la economía en recesión.

Luego, la baja de la tasa de interés, que se inició en agosto de 2007, no resolvió ninguna de las dos dolencias y agravó la inflación mundial. Ahora, se repite el círculo. La elevación de la tasa de interés para contener los síntomas inflacionarios agravará las dificultades financieras y prolongará la recesión y el desempleo.

Los hechos se han encargado de mostrar que el banco central de un solo instrumento, la tasa de interés, es totalmente inadecuado para alcanzar los objetivos deseables de la macroeconomía. En lugar de tener un marco coherente para lograr


varios propósitos, en momentos se busca cumplir uno a expensas de los otros, y a poco andar se invierten las prioridades.  La inflación se corrige con la recesión y la crisis financiera y luego éstas se pretenden arreglar con la inflación.

Los efectos de la crisis de Estados Unidos, y en particular sobre Colombia, son mayores que los previstos. La caída de la economía de los Estados Unidos ha venido replicándose con un retraso de menos de un año en la economía colombiana. Lo que no se sabe a ciencia cierta son las causas directas e indirectas.

 Las primeras provienen de las exportaciones, las alteraciones de las bolsas, las presiones de revaluación y de liquidez mundial y la contracción de los flujos de inversión extranjera. Todos estos efectos se están manifestando en magnitudes que todavía son difíciles de precisar, pero terminarán siendo considerables, y seguramente serán mayores en Colombia por la vulnerabilidad que significa la revaluación del tipo de cambio y el cuantioso déficit en cuenta corriente.

Aun así, la secuela más grande proviene de la imitación de la política monetaria de Estados Unidos en Colombia. El Banco de la República ha seguido la misma política de tasas de interés, aunque en un orden diferente. No es coincidencial que Estados Unidos se encuentre en plena estanflación y Colombia se dirija a pasos gigantes por el mismo camino.

Las verdaderas causas de la crisis mundial son la globalización y los bancos centrales. Las dificultades financieras, las recesiones y el agravamiento de la inflación y la revaluación no se generan por factores accidentales de la naturaleza, sino por las deficiencias de los bancos centrales. La teoría de la inflación monetaria que inspiró los bancos centrales no es válida y el modelo de subir las tasas de interés para controlar la inflación es totalmente destructivo.

Como mínimo, se plantea abandonar el dogma de que la inflación es un fenómeno monetario y avanzar en la construcción de un nuevo banco central, no autónomo, que actúe sobre varios instrumentos y se coordine con el resto de la política económica para lograr diversos objetivos.

No será un proceso fácil. El banco central autónomo constituye la reforma económica institucional dominante de los últimos veinte años. Muchos de los distinguidos pensadores que cuestionan los resultados no van más allá de atribuirlos a fallas logísticas e institucionales menores.

 No se atreven a rechazar de tajo la teoría, avalada por las principales instituciones académicas del mundo, los organismos multilaterales y los medios de difusión económica, y menos a proponer cambios institucionales drásticos.

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