Por: Alvaro Forero Tascón

Fallo sobre la mujer del César

Al igual que el plebiscito, el fallo de la Corte Constitucional sobre el fast track puede terminar reforzando el proceso de paz, en lugar de debilitarlo.

La consecuencia del triunfo del No fue que se introdujeron cambios positivos. La negociación entre el Sí y el No fue tortuosa y no resolvió la polarización por culpa de intereses electorales en juego, pero resultó en un mejor acuerdo.

En el caso de la implementación del acuerdo con las nuevas reglas que fijó el fallo de la Corte Constitucional, la consecuencia útil no será la discusión con el No, porque éste ha prometido hacerlo “trizas”, sino la legitimidad que tendrán esas normas luego del uso y el abuso de las reglas democráticas. Ahora el uribismo no se saldrá de las plenarias, sino que atacará con filibusterismo, y las bancadas en favor del proceso de paz tendrán más alicientes para asistir y demostrar que apoyan la paz por convicción y no por órdenes del Gobierno. Será una constancia adicional para los historiadores de que hacer la paz fue una labor titánica, que le dará mayor lumbre.

Las normas que expida el Congreso serán resultado de las mismas mayorías que venían aprobándolas, pero sin el Inri que les puso la oposición uribista de “venezonalización”. Ahora las normas que se expidan serán vistas como producto de la deliberación y controles del Estado colombiano en su conjunto, y no de la parte que acordó con las Farc. Es decir, lo que consigue el fallo es que la mujer del César lo parezca, porque antes solo lo era.

El mensaje del fallo —tanto a las Farc como a la “resistencia civil”— es “bienvenidos a la democracia”. Las Farc tendrán que confiar en que las instituciones protegerán sus derechos, porque, ahora será la Corte Constitucional la que tendrá que defender al acuerdo de los intentos por modificarlo, labor que ejercía antes el Gobierno negando la inclusión de proposiciones legislativas. Y la “resistencia civil” no podrá seguir arengando que no hay democracia, sino aprender que el mecanismo efectivo en la democracia es el institucional, como demostró el senador Iván Duque, que en lugar de hacer populismo gritando en las calles, interpuso una demanda ante la Corte supuestamente “enmermelada”, que le dio la razón.

El fallo puede producir entonces un efecto político difícil, pero legitimador. Jurídicamente, sin embargo, deja mucho que desear. No puede sustituir la Constitución un mecanismo que está previsto en ella, pues ésta contempla la iniciativa exclusiva del Gobierno en materia presupuestal, que es la materia más importante de todo Congreso, y la obligación de aprobar o improbar en bloque los tratados internacionales. La Constitución del 91 incluyó además artículos transitorios otorgándole facultades extraordinarias al presidente en materia de paz. Ni siquiera en el fallo contra la segunda reelección presidencial la Corte invocó la sustitución de la Constitución para defender el equilibrio constitucional.

Algunos sectores han resentido el activismo constitucional de fallos progresistas, y aunque ha podido haber excesos, hay que reconocer que interpretaban una Constitución progresista. Que este fallo no sea la antesala de un activismo constitucional inverso, retardatario, porque sería para violar el espíritu de la Constitución.

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