Por: Diana Castro Benetti

Falsas verdades

Falso el mundo. Falsos los deseos que se pegan en las enaguas y el frac. Falsas las tetas y falsa la espiritualidad que se vende. Falsa la sicodelia de las verdades absolutas. Falsos los héroes armados hasta los dientes. Falsa la política rellena de silicona. Falsa la dignidad chueca, los purismos y los fundamentalismos. Falsas las sonrisas, algunos amigos y el sentimentalismo. Lo sabemos: vivimos en un mundo de falsedades.

Y lo real tampoco es la última galaxia, la supremacía de un blanco o la presencia de un patriarca salvador. Lo real no es un cheque a favor o declararse sabio. Si la razón propone, la mente engaña y el robot acaba siendo un artificial.

Atrapados en un mar de apariencias, las falsas verdades son hoy una pandemia. Salen de los bolsillos de los narcisos, echan raíces en el lodo de la indiferencia y el cínico hace su agosto cuando la apatía es virtud. Mentiras de moda, mentiras de megáfono, mentiras que vulneran derechos y le prenden velas a las ganancias, la exageración y el egoísmo. Espejismos en las selfies, los tacones, el porno o la atracción inevitable. Pantallas, esclavitud y falsa información para que pierda el vulnerable, el débil, el crédulo, el que no pregunta, el resignado. Develar es la acción aguda de abrir las cortinas y atreverse al debate lúcido para rebatir, paso a paso, cada absoluto.

Arriesgarse a pinchar lo globos de lo ilusorio es para valientes. No tragar entero es poder salir de la vieja caverna y desbaratar las alucinaciones es el oficio diario de quien se permite la duda, la indagación y una incertidumbre al amanecer. El camino interior, ese que crea belleza y que explora en compasión, requiere de la máxima audacia del que mira para adentro y a la vez, intenta ver más allá de sí para percibir al otro. Un camino interior confiable ofrece la búsqueda como norte y desencadena más interrogantes que certezas. Algo de verdad hay cuando se discute, se escoge a conciencia y se ama desde el asombro. Hay que dar el paso y enfrentar la alienación. Sí, en el mundo de las falsas verdades aún hay que pellizcarse mucho para caminar despierto. Sin preguntas, perdemos todos.

 

 

otro.itinerario@gmail.com

 

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