Por: Óscar Sevillano

Falta autoridad estatal en las cárceles

La corrupción al interior de las cárceles del país es tan grande que no se va a solucionar con la llegada de un nuevo director, por buen trabajador que este sea.

Se equivoca el Gobierno Nacional cambiando al personal a cargo, porque esto es como cambiar de camiseta dejando el cuerpo sudado y sin bañarlo. Todos los colombianos sabemos que la mayoría de las cárceles en Colombia son instituciones del Estado puestas al servicio de todas las formas de criminalidad, porque son territorios sin Dios ni ley, con privilegios para narcos, políticos y altos funcionarios presos.

La anarquía que se vive en la mayoría de los centros de reclusión es un tema conocido por todos los mandatarios nacionales y ninguno de ellos ha retomado el control; por el contrario, han preferido mirar para otro lado.

Por lo anterior, resulta bastante exótico que se destituya de sus cargos a las cabezas del Inpec tras la fuga de Aída Merlano, cuando la solución pasa por rehacer la autoridad del Estado al interior de los centros de reclusión penitenciaria, y para esto se requiere de voluntad política y mano firme con quienes han hecho de estos lugares un refugio para que el crimen organizado y la corrupción política actúen sin mayor restricción.

De nada ha servido condenar bajo prisión a políticos corruptos o con algún tipo de vínculo con actores ilegales, si desde su lugar de reclusión dirigen campañas políticas para continuar al frente de su clientela electoral, esta vez en cuerpo ajeno.

Tampoco ha servido mandar a prisión a narcos o jefes de grupos criminales, porque desde sus celdas ordenan asesinatos o cuanta actividad ilegal se les ocurre. Y ni hablar de guerrilleros a los que se les ha dado captura.

Si en verdad el presidente Iván Duque tiene la intención de darle una solución definitiva a este problema, no solo debe construir un mayor número de cárceles, sino además restablecer la autoridad del Estado al interior de estos lugares, porque no puede ser que los centros penitenciarios sirvan de sitio de operación de actividades ilegales, con la complacencia de la institución.

Por supuesto que la fuga de Aída Merlano es un hecho grave que no puede quedar en el olvido, pero esto hace parte de un fenómeno bastante grande al interior del sistema penitenciario del país, al que debe dársele solución de manera integral e inmediata.

A propósito de Aída Merlano, puede ser que esta señora decida regresar y entregarse a las autoridades, pero, seamos sinceros, su retorno a la cárcel no va a acabar con la corrupción electoral en Colombia.

@sevillanoscar

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