Por: Aura Lucía Mera

Falta de respeto

Brevemente, para no atizar más el fuego, que se puede propagar sin control: creo que fue una falta absoluta de respeto hacia las comunidades indígenas del Cauca que no se presentaran los ministros del Interior y de Guerra. Que enviaran a sus vices, “con facultades plenas para dialogar...”. No.

Es una prueba más de que al gobierno central le importa un rábano lo que está sucediendo en una de las regiones más importantes de nuestro territorio, abandonada hace siglos a su suerte. Carne de cañón para que campesinos guerrilleros se sigan matando y mutilando con campesinos soldados y, de paso, masacrar poco a poco e intimidar a los verdaderos dueños de sus resguardos.

Pero eso sí, con el famoso video de Piedad Córdoba todos los “blancos” de ultraderecha se rasgaron las vestiduras y quisieron enviarla al patíbulo. Qué vergüenza que los medios, todos a una como en Fuente Ovejuna, publicaran, fuera de contexto, algunos apartes de su intervención, que entre otras cosas, tenía mucho la razón en el casi ciento por ciento de su arenga. Lo que pasa es que Piedad no gusta. Es negra. No se deja. La acusan de guerrillera, malparida, peligro de esta sociedad equitativa y justa. El procurador curuchupa se santigua y le pide a la virgencita en sus rosarios diarios que libre al país de semejante encarnación diabólica que usa, para colmo de males, turbantes vistosos. Me acabo de enterar de que al santísimo rosario le añadieron dos misterios más... El de las luces. Y otro: a lo mejor fue el procu-Ordóñez.

Así se dispararon otra vez las polarizaciones. Los tuits de los ultra, las respuestas oficiales, los anatemas. Pero casi nadie se atreve a decir al pan, pan y vino al vino. Piedad puede ser visceral y se le salen frases políticamente incorrectas. Pero es que no estamos en Londres, señores. No somos el país de los dálmatas ni Mary Poppins ni la reina tirándose vestida de rosado desde un helicóptero de plástico... No. Pertenecemos, y esa es nuestra fuerza, si algún día dejamos de matarnos y de decir mentiras, a una raza mestiza, de sangre alborotada, tropical, atávica, fanática, desigual y sensacional. No pisemos las cáscaras de banano que nos arrojan los “puros”. No faltemos al respeto en nuestros compromisos. Pensemos que Colombia son muchas Colombias y que nuestros problemas son muy complejos. No necesariamente nos dividimos en buenos y malos. Aprendamos a mirarnos de frente y a darnos la mano.

Cuando la Colombia que está del lado privilegiado de la moneda se atreva a conocer y mirar la otra cara de esa misma moneda y comprenda que somos parte de ella, entonces iniciaremos un camino ascendente, más justo. Lo contrario es meterle dinamita a esta bomba de tiempo.

P.D. ¿En qué va lo de Sigifredo? El fiscal enmudeció. Todo está empantanado. Pero hay un hombre que sigue privado de su libertad, como si siete años en el monte no hubieran bastado. Que se defina su situación. Igual que en la telenovela macabra de Colmenares. Que huele a pozo séptico.

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