Por: Miguel Gómez Martínez

Falta de respeto

UNA DE LAS MAYORES CAUSAS DE violencia en Colombia es la falta de respeto de los ciudadanos.

Es probable que durante las vacaciones hayamos tenido la mala suerte de tener un vecino que considera que es normal tener el equipo de sonido a todo volumen desde que se despierta hasta que se acuesta a las cinco de la mañana a dormir su borrachera. O que tengamos un vecino que estaciona en los parqueaderos que no le corresponden; el que deja que su perro haga sus necesidades en el andén sin recogerlas; el que habla por teléfono en cine; el que permite que sus hijos maleducados molesten a los demás; el que se cuela en las filas o el que circula por el carril de la izquierda a muy baja velocidad.

Este estilo de comportamientos es típico de los colombianos, uno de los pueblos más egoístas del planeta. Lo único que cuenta son nuestros derechos, sin entender ni aceptar que los demás también tienen derechos que nosotros debemos respetar. La Policía Nacional dedica una enorme cantidad de tiempo y recursos humanos para intentar solucionar estos problemas, que deberían ser esporádicos y aislados pero que en nuestra sociedad constituyen una fuente permanente de conflictos. En Colombia, un simple problema de respeto del otro termina en insultos, trompadas, demandas y en ocasiones muertes.

Algunos dirán que estos son asuntos normales en toda sociedad. Se equivocan. El nivel de irrespeto social es muy alto en nuestro país y, lo que es más grave aún, viene en aumento. Algunos dirán que es reflejo de una sociedad violenta. Yo prefiero la interpretación más sencilla: lo que nos está faltando es educación y sobre todo civismo. Una persona educada es consciente de que su comportamiento tiene límites y que los demás tienen también derechos. Una persona con civismo sabe que la vida en comunidad exige tolerancia y respeto por las leyes ciudadanas.

En otros países han entendido que este no es un asunto menor. El respeto de los demás es un excelente indicador de calidad de vida. Probablemente el ejemplo más interesante se encuentra en ciertas ciudades de los Estados Unidos (www.becauseitmatters.net) interesadas en recuperar esos pequeños gestos de respeto y tolerancia que hacen la vida mucho más agradable. Para muchos resultará superficial, pero no lo es. Ceder el paso a los peatones, ayudar las personas mayores de edad, proteger a los niños, cuidar el espacio público, evitar el recurso a la violencia, respetar las normas de la vida en comunidad son señales de una ciudadanía consciente del valor agregado de vivir juntos.

En Bogotá, durante las administraciones de Mockus y Peñalosa se hicieron interesantes avances en materia de cultura ciudadana. Íbamos en la buena dirección. Había resultados visibles, aunque estábamos lejos de llegar a niveles mínimos de respeto por los demás. Se perdió totalmente el esfuerzo en las últimas dos administraciones capitalinas, que consideran que lo único social son los subsidios.

En el fondo este es un debate sobre los valores, o más bien los antivalores sociales. Es hora de que dejemos de exaltar la patanería y de comportarnos como matones. Sin respeto por los demás la paz es un imposible.

 

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