Por: Columnista invitado

Falta de visión

Entiendo que quienes deciden sobre el contenido de la campaña de reelección le apuesten todo al tema de la paz.

Y claro que del cese del conflicto y del trabajo posterior por la paz, para el cual hay que prepararse —como lo hacen, por ejemplo, en la Fundación para la Reconciliación—, se derivará un mayor desarrollo material y espiritual para el país.

La paloma de la paz es elusiva, sin embargo, y se puede volar de nuevo por la miopía y la falta del principio de realidad de las Farc. Y hay tantos que por el otro lado le temen a la apertura de visión, a la generosidad y al perdón casi incondicional que se requiere. Tantos llamados católicos en este país que se atrincheran en el odio y la venganza, o en el fetiche incuestionado de la memoria, productora de violencia, cuando hay tan conmovedores testimonios de perdón de las propias víctimas.

Acostumbrada durante toda mi vida a un estilo de hacer campaña, a ligar los propósitos y los actos públicos a una visión de mundo, a una posición política —en este caso la liberal—, creo que el presidente ha seguido en lo social los postulados de Anthony Giddens, inspirador de la Tercera Vía. He hecho una reducida lista de lo que ha inspirado y ejecutado en sus cuatro años de gobierno, además de la lucha contra la corrupción de la que da fehaciente testimonio, por ejemplo, el director de la DIAN. En la lista están el derecho fundamental a la salud, la gratuidad de la educación primaria, la prioridad de la primera infancia, los logros en el sector cultural, en vivienda, en las relaciones respetuosas con los vecinos, en el sector laboral, en la posibilidad de que una pareja sume sus semanas de cotización para obtener pensión familiar —lo que considero tan revolucionario como lo que hizo López Michelsen con la sustitución de pensión conyugal.

Con esta lista voy charlando con taxistas, amigos, vecinos, meseros, trabajadores... Y se quedan asombrados porque no lo sabían. Es que pocos en el gobierno lo cuentan. Así me he ganado más de un voto, sin atacar a nadie. Mucho menos acudiendo al odio o al miedo.

En una de mis incursiones en la administración pública tuve un jefe —amigo muy apreciado y añorado— que nos indicó a sus colaboradores que los logros de cada uno debían ligarse a la administración liderada por él. Eso falta en la campaña de Santos. He ido a las sedes para tratar este tema con alguien, pero con inquietud he visto que no hay allí a quién dirigirse. Uno de los llamados asesores, que me dejó con la palabra en la boca, me dijo que él no tenía partido político. ¿Qué tanto compromiso puede tener en la sede de una campaña política un joven politólogo despistado?

Es una falta de visión que los colaboradores de Santos, sus ministros y muchos otros funcionarios de primera no insistan en que lo bueno que hacen obedece a la orientación del presidente. Eso es legítimo mencionarlo y transmite un mensaje positivo. En vez de referirse al “gobierno” como si se tratara de algo anónimo, colectivo. Porque las políticas que ponen en práctica son las del presidente, un hombre que tiene dotes de civilidad de la que otros carecen y que marca la línea ideológica de su mandato. Hay que reconocerle sus cualidades. Ese leve giro podría dar un dividendo de votos en estos últimos días.

 

 

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