Por: Hernán Peláez Restrepo

Falta juego

Si el fútbol es un juego colectivo y asociado, es justo reconocer que la mayoría de equipos nuestros de la primera categoría viven muy alejados de ese concepto.

Se puede juntar un buen grupo de zagueros o un nutrido colectivo de volantes y uno que otro goleador. Lo difícil es que entiendan el juego y no se aprecien esas excursiones de jugadores en solitario, sin levantar la cabeza y mucho menos mirar al compañero que los asiste.

Todo lo anterior para agradecer, en la victoria amplia de Júnior sobre Pasto, la presencia de jugadores que entienden el juego como tal. En ese rubro es preciso ubicar a Teo Gutiérrez, quien en zonas superpobladas por defensas recurre a la vieja pared, que continúa vigente para poder penetrar en el área menor. Así le devolvió el balón a Díaz para el segundo gol juniorista. Como lo había realizado tiempo atrás con Chará. Pudo ser un detalle aislado y de poca ocurrencia en el fútbol actual y en Colombia. Hay quienes, como yo, agradecemos esa clase de gestos técnicos, porque son casi una curiosidad.

La gran mayoría de equipos recurren a la disculpa de estar en plena etapa de acoplamiento y de inclinarse por las repeticiones continuas de jugadas, como resultan los tiros libres o los sincronizados movimientos de líneas.

Comprendo lo difícil que es para un director técnico hacerles entender a sus dirigidos la importancia de asociarse en el terreno, de saber intercambiar pases y posiciones y asumir diferentes posturas, tanto ofensivas como defensivas. Mientras estos detalles no se ajusten, habrá demora en consolidar un esquema.

Es probable que los jugadores reciban instrucciones y, con ello, conocimiento del reglamento de juego. Pero más importante es que entiendan y aprendan que el fútbol está urgido de gestos de solidaridad.

Por eso quiero recalcar el caso de Teo. Entiende el juego y ojalá varios de sus compañeros fueran copiando eso de saber “leer” y comprender el juego.

Además, en la victoria amplia sobre Pasto (3-0), el espíritu se alegró al ver y recordar tantas gestas en el modernizado estadio Romelio Martínez, un rincón en el corazón futbolístico de Barranquilla.

 

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