Por: Aura Lucía Mera

Faltan cinco días

El despelote electoral toca su fin.

Muchos departamentos y capitales verán un nuevo amanecer, otros iniciaran caída libre hacia el abismo de la corrupción, algunos seguirán con para-gobernadores y para-alcaldes, porque “perros comen huevo aunque les quemen el hocico”. De nada han servido las declaraciones del Consejo Nacional Electoral ni de la Registraduría ni del Mininterior, que a última hora vienen a descubrir que existen muertos votantes, trasteos de votos, compra-venta de los mismos, liderazgos tras las rejas , en fin, que el agua moja; y otros seguirán en el fango, porque les gusta hundirse cada vez más, como si no se sintieran a gusto sino atascados en el lodo. En fin. En cinco días, así las cuentas no resulten muy claras, sí tendremos ya el chocolate espeso.

El peor mal que le cayó a esta banana republic fue la elección popular de alcaldes. Hace menos de 200 años éramos una manada de conquistados, mezclados unos con otros: indios, negros, mestizos y mulatos; sin saber ni siquiera dónde estábamos parados, ni de dónde veníamos ni para dónde íbamos. Y en menos que canta un gallo —200 años en la historia de un país es una mota de arena en huracán— nos creímos suizos, daneses o suecos. Nos tragamos entero el cuento de que la democracia era la voluntad del pueblo. Sin caer en cuenta de que un pueblo arrasado por el narcotráfico, la guerrilla, los paras, el analfabetismo y el desempleo no tiene voluntad de nada, sino los unos de seguir en el poder y los otros de tener con qué comer. Y el día de elecciones, pueden almorzar pollo…

Pasó lo que tenía que pasar. Los resultados, cada vez más grotescos, los vemos cada tres años cuando nos llega el nuevo “periodo”. Hombrecitos de paja, sin ninguna preparación académica, politiqueros de cuarta categoría dispuestos a vender a su madre al mejor postor, personajes siniestros de negocios siniestros, niñatos sacados de la nada, aventados todos a quedarse con la mejor parte de la piñata. Campañas repletas de dineros sin paternidad responsable, de falsas promesas y de chantajes.

Creo que se salva Bogotá. Después de la catástrofe de Samuelito el Leve, la verdad es que a Peñalosa y a Petro les cabe la ciudad en la cabeza. Lo mismo Barranquilla y Atlántico. A lo mejor Antioquia y Medellín. Pero Bolívar y Cartagena y el Valle del Cauca, a menos que ocurra un milagro, serán el desbarrancadero total. En Cali, si gana Guerrero, se salva la ciudad por un pelo.

Dentro de tanta reforma inútil, lo que debería cambiarse a rajatabla son los requisitos para poder aspirar a Gobernaciones, Alcaldías, Concejo, Asambleas y, obviamente, a Cámara o Senado. No tiene justificación alguna, y no me vengan con cuentos de “democracia”, que cualquier cuasi analfabeto, respaldado por paras o por narcos, tenga el derecho a gobernar un departamento, ciudad o a legislar. O ciudadanos sin ninguna experiencia administrativa, ni estudios rigurosos. Ya en Cali nos ganamos un locutor de emisora populachera, un ciego vendido y, por fortuna, el licenciado cubano en medicina nos sorprendió gratamente en algunos aspectos. No hablo de senadores ni representantes porque ya da vergüenza… Faltan cinco días para meter bien el dedo y no la pata de nuevo…

P.D. Grotesco el episodio radial sufrido por Salud Hernández. Me solidarizo con esta periodista valiente y frentera. A veces dan asco ciertas emisoras. Pero jamás existe la sanción.

 

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