Por: Juan Pablo Calvás

Famélicos estudiantes

Poco queda de los impetuosos universitarios que hace dos años pusieron al país a sus pies. Nada es como antes.

Los senos escurridos y las nalgas flácidas, que dejaron ver en las calles algunos de los manifestantes presentes en las marchas de hace un par de días, son el fiel reflejo de la situación del movimiento estudiantil al que poco le queda de lo ganado con las protestas de octubre y noviembre del 2011.

No sé si es cuestión del desgaste tradicional que genera el paso del tiempo o si se perdió un impulso que pudo haber sido el motor de grandes cambios, pero los muchachos del miércoles ni convocaron, ni hicieron ruido, ni generaron esa solidaridad que caracterizó la consolidación de la MANE cuando el gobierno se empeñaba en aprobar una nueva ley para la educación superior.

Recuerdo las marchas con antorchas por el centro de Bogotá, las manifestaciones multitudinarias en distintas ciudades del país, estudiantes de universidades públicas y privadas unidos bajo un mismo clamor, la creatividad de los jóvenes puesta al servicio de la educación superior para la cual exigían calidad y gratuidad. La cosa duró semanas, la tensión subió, la ministra de educación en su sin salida terminó retirando el proyecto de reforma educativa, los estudiantes parecían haber ganado. Pero no.

Esos mismos estudiantes que promovieron la movilización aparentemente entraron en un letargo que los hizo desaparecer del panorama nacional. Tal vez algunos se graduaron, otros se alejaron del movimiento social, la MANE dejó de ser un poderoso nombre que reunía a los estudiantes universitarios y se convirtió en un apéndice pseudo político de un sector de la izquierda. Todo se desdibujó.

Las marchas de esta semana no dejaron nada, ni dijeron nada. Sirvieron para alborotar el tradicional avispero del ICETEX, hogar de un sistema de créditos estudiantiles que nadie logra comprender, y nos recordaron que ahí hay unos estudiantes inconformes con algo, pero no se sabe muy bien qué.

¿En 2011 los estudiantes parecían haber ganado? Sí. Pero el juego es largo y la memoria de los colombianos corta. Han pasado dos años y no ha habido ninguna reforma que ayude a mejorar las condiciones económicas de la universidad pública. Las promesas de un proyecto de ley concertado quedaron en el aire. El Gobierno ganó: los estudiantes callaron, se hizo el silencio y todo siguió igual. 

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@colombiascopio

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