Por: Juan Carlos Botero

Famosos lúcidos y miopes

LA FAMA PERMITE EL ACCESO A multitudes mediante micrófonos y cámaras de televisión, y muchas figuras utilizan ese poder de manera responsable, aportando luces a problemas mundiales, buscando recursos para comunidades sufridas, o defendiendo una bandera con el brillo de su prestigio.

Celebridades como Natalie Portman, que promueve microcréditos para mujeres pobres en el Tercer Mundo, Juanes con su cruzada a favor de las víctimas de las minas antipersona, Shakira con su batalla por la educación y Leonardo DiCaprio con su campaña por el medio ambiente, son ejemplos de la fama puesta al servicio de proyectos admirables.

Otro buen ejemplo lo acaban de dar varias figuras del mundo hispano por una causa imperiosa: la condena al régimen de los hermanos Castro por el atropello a las libertades cívicas en Cuba. A través de la carta de protesta divulgada por internet, “Yo acuso al Gobierno cubano”, los firmantes piden respeto a los Derechos Humanos en la isla, se declaran a favor de personas como Orlando Zapata que, tras 85 días en huelga de hambre murió de la manera más infame, y exigen la liberación incondicional de los presos políticos en Cuba. Cantantes como Ana Belén y Víctor Manuel, cineastas como Pedro Almodóvar, y escritores como Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Juan Marsé, Fernando Savater y Rosa Montero, entre muchos otros, han firmado la carta, y lo notable es que varios antes defendían el régimen castrista. No obstante, la represión bárbara del gobierno de Cuba, condenando a 28 años de cárcel a opositores por cometer “delitos de opinión”, ha llegado a tales extremos que estas figuras se han sumado a la protesta, y gracias a que son celebridades la iniciativa ha trascendido fronteras. Esta vez, al menos, los famosos están usando su gloria de manera acertada.

Ése no es siempre el caso, por desgracia. Más aún: la lucidez política no suele ser la norma entre los famosos. Oliver Stone y Sean Penn, por ejemplo, defienden a Hugo Chávez de la forma más ciega e insensata, y no han reparado en los desastres que su régimen ha causado, tanto a los venezolanos como a nosotros, los colombianos, por su amparo a las Farc y ahora al grupo terrorista Eta. Incluso Penn ha dicho que Chávez no es un dictador y que “se debería encarcelar a quien diga esa mentira”. Igual de miopes con Chávez han sido Noam Chomsky y Naomi Campbell. Sin duda, la lucidez creativa no implica lucidez política. Alguien puede ser visionario en su trabajo y, al mismo tiempo, ser totalmente miope en lo político. Simone Signoret e Yves Montand defendieron la Unión Soviética luego de que ésta aplastara la revuelta popular de Hungría en 1956. Pablo Neruda escribió poemas a favor de Stalin. Alejo Carpentier defendió la dictadura cubana desde su cargo diplomático en París, así como Mario Benedetti y muchos otros intelectuales de América Latina. Como dijo Jean-François Revel: “La celebridad no debería ser un salvoconducto para la trivialidad o el error”. Al revés: justamente por ser famosos, con acceso a cámaras y micrófonos y con poder de influencia, estas personas no deberían prestar su voz a déspotas y tiranos. De lo contrario corren el riesgo de ser talentosos como profesionales, y una vergüenza como seres humanos.

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