Por: Claudia Morales

Fantasmas “madureños” para ocultar la mediocridad

El 24 de febrero de este año, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, aseguró que los días del presidente Nicolás Maduro en Venezuela estaban contados. Varios gobernantes amigos del funcionario repitieron la sentencia con júbilo. Hice la cuenta y, hasta hoy, cuando publico esta columna, han pasado 243 días o, si quieren, ocho meses y un día.

Dos días antes de esa declaración, artistas y políticos llegaron a la frontera colombo-venezolana con un concierto que tenía como fin la recolección de ayuda caritativa y con el que, como tituló el diario La República, “se inició el camino a la liberación de Venezuela”. La celebración fue mucho más pomposa (nada tiene qué ver este adjetivo con el apellido de Mike) porque Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de ese país.

Que un nefasto Maduro haya logrado sostenerse en el poder ha servido para varias cosas: seguir sometiendo al pueblo hermano a las peores humillaciones; reiterar que la Carta Democrática Interamericana de la OEA y, en general, la comunidad internacional son pura burocracia inútil cuando de Venezuela se trata; aumentar el número de inmigrantes y, con eso, la tragedia humanitaria, y agrandar los fantasmas —propongo crear el término “madureño(s)”— en territorio latinoamericano, eso sí, manipulados por una cierta clase política encendida con la candela de los EE. UU, que usa de las formas más fantasiosas al mandatario vecino.

Pienso en eso porque estos últimos han sido meses particularmente agitados en Nicaragua, Colombia, Ecuador y Chile. Cada país tiene su propia historia y sus motivaciones para alentar movimientos de protesta. Antes de seguir, dejo claro que rechazo todas las formas de violencia como método de presión y más aún cuando se trata de cuervos infiltrados sin relación alguna con las reclamaciones sociales.

No somos ejemplo de progreso, no nos digamos mentiras. Nuestras democracias tienen nombre y no fondo. Hay una desigualdad dolorosa desde el sur hasta la frontera con México, y algunos políticos, en vez de reconocer el fracaso, prefieren decir que el Maduro de los días contados expande su patética revolución a los vecinos y más allá.

Denle una mirada al trabajo de la periodista Laura Ardila en La Silla Vacía “Votos por billete”, para probar una vez más que la podredumbre de todas las corrientes políticas llega al poder por plata, no por convicción. La noble tarea de hacer política está desdibujada y con ella los derechos de los ciudadanos por los cuales los elegidos deberían velar. Por eso (repito, repudiando la violencia), los buenos ciudadanos protestan y se hacen oír. Ahí están a la mano los audios del presidente Sebastián Piñera y los empresarios de Chile para entender que no son los fantasmas “madureños”, sino la frustración crónica de los pueblos la que habla.

Este domingo 27 de octubre en Colombia elegiremos nuevos concejales, diputados, alcaldes y gobernadores. Y como aquí lo que padecemos a estas alturas no nos ha servido para votar bien y tampoco para hacer respetar nuestros derechos permanentemente vulnerados, entonces que sea el ejemplo de los ciudadanos nicaragüenses, ecuatorianos y chilenos el que nos motive a elegir y exigir. Que no nos jodan más con fantasmas. Nuestra realidad sin los “madureños” ya es decepcionante por sí sola.

@ClaMoralesM

* Periodista. 

887688

2019-10-25T00:00:33-05:00

column

2019-10-25T00:15:01-05:00

[email protected]

none

Fantasmas “madureños” para ocultar la mediocridad

54

3661

3715

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Claudia Morales

“Héroes” de la patria

“Tiempos recios” en Colombia

Crímenes convertidos en paisaje

Son la injusticia y la corrupción, idiota

Apuntes sobre el discurso del presidente Duque