Por: Aldo Civico

Farc y política

Resulta que el anuncio de un supuesto atentado inminente contra el expresidente Álvaro Uribe, revelado con bombos y platillos por el ministro de Defensa, se basaba en un informe de inteligencia viejo, como el mismo presidente Juan Manuel Santos anunció a los medios.

 El ministro de Defensa o es bobo o actúa de mala fe. En cualquier caso, parece ser cada vez más inadecuado, ya no tiene credibilidad y debería salirse del cargo.

Pero lo interesante es que el ministro Pinzón haya convocado a los medios para hacer un anuncio tan grave cuando el Gobierno y las Farc informaron al país que finalmente habían logrado un acuerdo sobre participación en política.

La oposición a los diálogos de La Habana, que comprende una alianza transversal encabezada por el expresidente Uribe y que llega hasta las entrañas del gobierno Santos, se ha negado de forma vehemente a cualquier idea de que miembros de las Farc puedan hacer política el día de mañana. Lo curioso no es sólo que los opositores de hoy son los mismos que ayer invitaron y aplaudieron a los jefes de los paramilitares en el Congreso, ni que los opositores de hoy son los mismos que ayer promovieron la Ley 796 de 2003, radicada por el entonces ministro del Interior, Londoño, por la cual se proponía convocar un referendo para someter a consideración de los colombianos un proyecto de reforma constitucional que facultaba al gobierno para proveer curules en las corporaciones publicas a personas desmovilizadas de grupos que hubieran firmado la paz: paramilitares y guerrilleros. ¿Entonces, estimados opositores de los diálogos con las Farc, de qué estamos hablando?

Lo curioso es también que (otra vez, sea por ignorancia o sea porque actúan de mala fe) los opositores a los esfuerzos de paz del presidente Santos, desconocen lo que ha pasado con otros largos y sangrientos conflictos alrededor del mundo.

En Angola, el cese al fuego de 2002 entre el gobierno de Angola y la guerrilla de la Unita permitió la desmovilización y el desarrollo de un partido político. Lo mismo se dio en Burundi, donde el proceso de paz convirtió la coordinadora de las guerrillas en un partido político. Así ocurrió en Nepal, en donde en 2006 la guerrilla del Partido Comunista de Nepal se integró a la vida política. En Guatemala, la guerrilla del URNG se transformó en un partido político. Lo mismo pasó en El Salvador con el FMLN. En Kosovo, el Ejercito de Liberación de Kosovo se transformó en dos partidos políticos después de los acuerdos de 1999 con la OTAN. Al igual que en Mozambique, Irlanda del Norte, Sudáfrica, Aceh (Indonesia), Macedonia, etc. El listado es largo.

Sin la posibilidad de pasar de las armas a la política, no hay para los grupos insurgentes un incentivo verdadero para sentarse a una mesa y negociar con un gobierno.

Lo mejor que le puede pasar a Colombia es la decisión de las Farc y del Eln de dejar la violencia y de participar en la política aceptando las reglas de la democracia, y de hacerlo como producto de un acuerdo de paz que tenga en cuenta los derechos de las víctimas y los parámetros internacionales de justicia transicional.

@acivico 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Aldo Civico

Las emociones de la segunda vuelta

Sobre la actual penuria política

De aquello que los candidatos no hablan

Marc Chernick

Generación Z: cambiando el mundo