Por: Reinaldo Spitaletta

Farc y punto seguido

Vamos a suponer –en gracia de discusión- que en Colombia hay una democracia.

 El segundo punto de las negociaciones de paz de La Habana, habla ya de que, en efecto, hay que “ampliar” la democracia, sus garantías y derechos, para que las Farc, tras cincuenta años de su creación, puedan llegar a firmar la paz, abandonen el narcotráfico, las extorsiones, el secuestro, y se metan a la civilidad a hacer política.

Ah, claro, todo esto después de que se llegue al acuerdo en su totalidad. El próximo punto en discusión es el del narcotráfico, y aquí, en este lugar de la noche (como el título de un poema de José Manuel Arango) el asunto puede entorpecerse, porque, tal vez, uno de los mayores problemas del país lo constituye el narcotráfico, que ha parido carteles nefastos, paramilitares, parapolíticos, guerrilleros, exguerrilleros, las bacrim, que no son otra cosa que paramilitarismo de nuevo cuño, y ha sido una de las causas (¿o será un efecto?) del conflicto social armado y desarmado de Colombia.

Sobre las desgracias producidas por el narcotráfico parece haber suficiente ilustración, la que no hay en torno a si en Colombia existe una democracia o una caricatura de ella. Pero, al menos, las dos partes que discuten en la capital cubana llegaron a un acuerdo y eso significa que no solo están hablando una misma lengua sino que, tal vez desechando dogmas y fundamentalismos, dicen que en este país de miserias mil, hay una democracia.

La suposición metodológica quizá sirva para no entrar en una eterna discusión, y deja de lado, por ejemplo, lo de considerar a este país como excluyente, oligárquico, que desde siempre (por lo menos después de los días de la Independencia) lo han manejado clubes exclusivos, los mismos que, según conveniencia, han declarado y perpetrado guerras civiles, o impulsado a su modo la violencia, como la de los años cincuenta.

Tal vez la falta de democracia fue la que dio origen a grupos como las Farc (habría que recordar los robos de cerdos y gallinas que le hicieron a don Manuel) y ha mantenido durante decenios en un miserable limbo a descamisados y desheredados de la fortuna. Pero, y aunque no haya que gritar albricias, el punto acordado en La Habana es motivo de optimismo (bueno, en algunos sectores, porque en los más guerristas, como las huestes uribistas, ha sido como si el demonio se las estuviera metiendo sin vaselina -¡huy!, el procurador-). Aunque en cuestiones de paz como de guerra hay que ser escépticos.

Quizá la carencia de democracia fue la que asesinó a Gaitán, a muchos líderes sindicales, a defensores de derechos humanos; la que cometió la masacre de Santa Bárbara; la que ha producido más de cinco millones de desplazados; en fin, que el catálogo de catástrofes es extenso. Pero, como se dijo, para efectos de la deliberación se presume que hay una democracia, la misma que hay que “robustecer” para que los miembros de las Farc puedan hacer política civilizadamente, y ojalá nos les pase como les pasó cuando la “democracia” borró a miles de los militantes de su partido político, la UP.

Ah, y en un país de fraudes electorales, como aquel célebre de 1970, cuando a la Anapo le robaron las elecciones entre Lleras Restrepo y Misael Pastrana, quién sabe si a los candidatos de las Farc (y eso en el caso de creerse que muchos votarían por ellos) no les pase lo mismo que le sucedió a Rojas Pinilla y compañía. Como sea, una salida política y no bélica al conflicto siempre será una posibilidad de civilización, o, mejor dicho, de democracia.

Las conversaciones de La Habana parecen ir por el camino de un acuerdo para la concordia, para la reconciliación entre los colombianos, o por lo menos entre algunos de ellos. Ojalá y no vuelva a suceder lo de siempre: que las Farc se tornen otra vez en las electoras de personajes que, como Andrés Pastrana y Uribe, por ejemplo, no son propiamente promotores ni defensores de la democracia. Pero volviendo al comienzo: ¿sí hay democracia en Colombia?

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

Tiempo de desobediencia civil

Miedos con corte de franela

Pícaros de la farsa nacional

Vueltas y revueltas electorales

¡Aaaggghhh! Adiós a Tom Wolfe