Por: Oscar Guardiola-Rivera

Farsa

"Me tiraron al suelo. Me dijeron que era una puta y una terrorista, y amenazaron con violarme". Ángela, con ese nombre, y los policías iban a violarla. Por atreverse a disentir. Por tener visión y rehusar ser víctima.

Como sucede en toda farsa después de la tragedia, le respondieron con calificativos viejos. Así suelen hacer quienes tras despojar a los jóvenes de su futuro encima les endilgan el que no lo acepten arrodillados. Los llaman anarquistas y desinformados, y, si son mujeres… Sucede que en este caso ella estaba del mismo lado que los ángeles rebeldes de John Milton.

Los hechos ocurrieron en la Universidad de Puerto Rico. La principal universidad hispana de los Estados Unidos fue escenario de fuertes protestas en diciembre del 2010 y mayo de este año. El mismo día en que los milicianos de Mubarak golpeaban sin piedad a los jóvenes de Plaza Tahrir en El Cairo, la policía puertorriqueña golpeaba sin piedad a quienes habían ocupado la UPR.

Ángela era uno de ellos. La UPR era la universidad más barata de los Estados Unidos. Era también una prueba de que la universidad de bajo costo puede proveer a una ‘minoría’ con educación de la mejor calidad e investigación innovadora.

Su ejemplo descalifica los argumentos de quienes alegan que sólo el ánimo de lucro y la deuda privada pueden garantizar los fondos necesarios para mantener la educación superior.

Quizá por ello el gobernador Luis Fortuño, a quien los estudiantes acusan de simpatizar con el Tea Party y no querer aparecer como un mal virrey, decidió privatizarla. Cuando por iniciativa suya fue aprobada la ley 7, que contemplaba alzas y endeudamiento, salieron a la calle. Entonces, Fortuño envió a la policía. En ese contexto tuvieron lugar el episodio de Ángela, los arrestos y las agresiones que son parte de la prehistoria del occupy movement en EE.UU.

Ángela volvió a las calles de San Juan este sábado. No estaba sola. Junto a ella protestaron cientos de miles en Taipei, Seúl, Fráncfort, Atenas, Madrid, Nueva York y México. En Roma se enfrentaron al Gobierno. Levantando a los muertos de su sueño, éste acusó a los anarquistas de infiltrar la marcha.

En Londres, Julian Assange se dirigió a los manifestantes en la catedral de San Pablo, dijo que los corruptos eran los bancos y prometió que Wikileaks lideraría un ataque contra ellos.

A pocos metros de allí, me reunía con estudiantes colombianos, el embajador y un dirigente universitario. Hablamos de la reforma a la educación superior, entre otras cosas. Pero la verdadera lección estaba teniendo lugar en las calles de todo el mundo. El argumento de quienes protestan, en contra de los Partidos de la Propiedad y el Orden, es recaudar más, distribuir mejor y repensar a fondo la universidad, el mercado y el estado. Su reclamo es serio, lo demás es farsa.

 

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