Por: Hernán Peláez Restrepo

Farsa

Qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se estaca. Lo mismo para Millonarios, que no tuvo nada que ver con el caso de su rival del sábado, que le metió cinco goles y pudieron ser más. Que perdiera esa formación juvenil del Quindío no era novedad y menos por goleada.

El problema se llama Hernando Ángel, que ni es mecenas ni salvador, como muchos ingenuos lo quieren señalar. Es un señor que gracias a técnicos y empresarios, consiguió la mejor base de datos de jugadores jóvenes colombianos y no solamente del Valle del Cauca, sino de varias regiones. Pero además funge como salvador del Quindío. El asunto es que él ayuda, aunque también se ayuda. Bastaría recordar la venta o transferencia de jugadores como Rodallega, Diego Chará, Santoya y Álex Mejía, entre otros, cuyos ingresos no fueron al equipo sino al bolsillo de Ángel. Es pues un negociante que vive del fútbol, tanto así que figura como principal accionista por no decir dueño de Centauros, Quindío y alguna parte debe tener en el Boca de Cali. Está pues en la A, la B y la C de nuestro fútbol. Para completar, así como vende jugadores, consiguió votos para arrimar a la mismísima Federación.

No tiene sentido de pertenencia con Armenia y menos con el Quindío. Vive del y para el fútbol. Cínicamente le pidió al plantel profesional compromiso. El compromiso debe ser de él en principio, pues los jugadores no actúan gratis ni por amor, son profesionales.

Ojalá algún sector de Armenia y la región se ponga serio con este personaje. El Quindío es patrimonio cultural y deportivo de Armenia y el departamento. Por los dineros que recibió, hasta ahora con venta de jugadores que mostró en el Quindío y hasta uno que transfirió de Centauros a Italia, Ángel tiene con qué cumplir su compromiso. No creo que esté quebrado ni cosa parecida. Y menos, que sea mal administrador.

Y la Dimayor, que sacó a sombrerazos a Mustang después de 20 años para dar paso a Postobón, tendrá que pagar multa o explicaciones porque en televisión hubo un partido de un equipo profesional con un rejuntado juvenil. Y el negocio con la gaseosa era transmitir y ver partidos entre equipos profesionales. De allí lo de la farsa, recordando que los equipos sólo deben tener 25 jugadores inscritos. En cuestión de horas, sin registro ni nada, aparecieron 17 jugadores llegados de Cali y que quizás ni conozcan Armenia.

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