Por: Juan David Correa Ulloa

Fashista

Con 13,99 euros Fréderic Beigbeder causó un escándalo sonado en Francia hace unos seis años. La idea de esa novela era desvelar los oscuros pasillos que recorren los publicistas del primer mundo.

Beigbeder sabía de lo que hablaba: se había desempeñado como creativo de una agencia de publicidad y con esa novela hacía eso que aquí comúnmente llamamos cortarle la mano a quien nos da de comer.

Beigbeder se convirtió en una celebridad mediática: había desenmascarado con eficacia a una industria que era despiadada y displicente con el resto de los mortales. Su angustioso —y paranóico— retrato se convirtió en una suerte de saldo de cuentas con los poderosos que, gracias a la gran clase media lectora de Francia, se expandió con rapidez a otras lenguas.

Años después Beigbeder se lanzó en una aventura que resultó algo desastrosa: Windows on the world, su ejercicio de estilo —¿de estío?— recuperaba el tema del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York aquel fatídico 11 de septiembre de 2001, pero terminó siendo un experimento fallido.

Hoy, en pleno 2008, el escritor francés ha tenido sólo una buena idea para una novela que resulta confusa —e innecesaria— de principio a fin. Socorro, perdón —título que funciona en su idioma original pero que nada dice en español— es una especie de panfleto sobre el mundo de la moda. Un libro lleno de sentencias que haría revolcarse en su tumba al brillante aforista que fue Cioran.

La descompuesta y rica Rusia de la era post-soviética es el escenario por el que deambula un cuarentón que no soporta su edad. Su nombre es Octave Parango y su credo es el deseo. Su religión, un hedonismo que, según este cínico ilustrado, cazador de modelos en un país que ha cambiado el comunismo por un capitalismo más que salvaje, nos gobierna como Dios. La belleza, nos dice este yuppie francés enloquecido por el mundo de las top models, es la única posibilidad de redención. «La dictadura de la belleza engendra el odio.

No es posible abrazar impunemente esta ideología. Se empieza anunciando en las paredes a rubias eslavas para vender champú y la cosa termina en un baño de sangre orquestado por movimientos neonazis el día del aniversario de Hitler, pogromos judíos, palizas a negros, asesinatos a caucásicos, bombardeos a chechenos, agresiones a daguestaneses».

A pesar de una ironía a ratos inteligente y de una prosa bien resuelta, de ciertos aforismos y reflexiones que funcionan, uno siente que está en presencia de un fabricante de frases efectistas sobre el amor, el deseo, la banalidad de la moda, la maldad del poder. En fin, que está frente a un escandalizador de buenas conciencias que quiere parecerse a otros escritores aunque no lo consiga: un mal émulo sin gracia de Michel Houllebecq.

Socorro, perdón, Fréderic Beigbeder, Anagrama.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan David Correa Ulloa