Por: Hernán Peláez Restrepo

Fe y más fe

Dice el dicho que la fe mueve montañas. En el caso de la estrella conseguida por Deportes Tolima fue evidente que la fe resultó su motor y su impulso para ir a buscar en el minuto 93, y a la salida de un tiro de esquina, el cabezazo de Danovis para forzar el camino a una definición desde el punto del penalti.

Allí, en esa instancia, la fe y la contundencia de sus cuatro cobradores, determinaron la victoria, mientras Nacional, con nerviosismo y temor en los disparos de Lenis y Vladimir, resignó su aspiración. Muchos dirán que la suerte, como en lotería, resulta esencial, pero para los ejecutantes tolimenses, por el contrario, la fe de ir a cobrar con fuerza y calidad, les brindó esa alegría inmensa.

Nacional le apostó al apoyo constante de Helibelton por zona derecha, buscando a Dayro Moreno, aunque fue Vladimir, quien con el empate generó confianza en el resultado.

Pero, y es cuestionamiento de hoy, se durmió en los laureles y se vio avasallado por un Tolima que siempre tuvo intacta la fe de que podía ganar, o más que ganar, anotar un gol para sostener sus posibilidades. Porque terminó con el invicto del verde, le marcó dos goles en el tiempo reglamentario, hecho inédito esta temporada en el Atanasio y en la gesta verdolaga.

Si la defensa del Tolima comenzó insegura (Quiñones reemplazó al Payares), de a poco fue fortaleciendo su plan de espera, más cuando Nacional buscaba por el pelotazo en la zona central, dejar mano a mano a Dayro con Montero. Allí Tolima congestionó su sector defensivo con trabajo pleno de los volantes, liderados por Robayo.

Castellani fue quien más empujó al local, porque tanto Macnelly como Aldo no alcanzaron a ser determinantes. Creo que los dos, jugando juntos, podían haber dado más fútbol y pausa al equipo. No fue así y Tolima superó todos los obstáculos para ir a forzar el resultado.

Utilizando una figura literaria, el oximoron, cuando se dice el “pequeño gigante del partido”, se reconocen las desventajas del Tolima. Estadio repleto de seguidores de Nacional, marcador al comienzo en contra, por haber perdido en Ibagué 0-1 y la obligación, no tanto de defender, sino de buscar opciones de gol. No fueron muchas, pero sí las dos necesarias para justificar el cierre dramático del juego. Pequeño en nómina, comparada con el rival, aunque con fe inconmensurable para vencer. Resta solo felicitar al Tolima y a su genuino técnico Alberto Gamero. El samario era el único técnico colombiano en finales y supo ganarlas.

 

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